Hace un año, los escépticos tenían argumentos de sobra. China flojeaba, el negocio de Viajes en Asia se hundía y CeraVe —la gallina de los huevos de oro de la dermocosmética— empezaba a mostrar signos de agotamiento. El cuarto trimestre de 2024, con un crecimiento orgánico del 2,5%, dejó la sensación de que la máquina estaba gripada.

2025 fue otra historia. El crecimiento orgánico dibujó una curva que cualquier director financiero soñaría con presentar a su consejo: 3,5% en el primer trimestre, 2,4% en el segundo —un bache que, visto con perspectiva, habrá marcado el punto más bajo—, para luego acelerar al 4,2% en el tercero y al 6,0% en el cuarto: el mejor trimestre en más de un año, y la aceleración no es un accidente estadístico, pues procede de las cuatro divisiones. Todas contribuyen, si bien la división de Productos Profesionales es la locomotora (7,5%) y la de Belleza Dermatológica tuvo un espectacular desempeño en el cuarto trimestre (11,5%).

Bajo la superficie, la calidad de los resultados impresiona tanto como su trayectoria. El margen bruto alcanzó un nuevo máximo del 74,3%, mientras que el margen operativo sube al 20,2%, con una mejora de 20 puntos básicos pese a un viento en contra de divisas de 3,6 puntos y a los aranceles en Estados Unidos. El flujo de efectivo operativo aumenta un 7,8%, hasta 7.160 millones EUR, una cifra que por sí sola supera la capitalización bursátil de la mayoría de las compañías del SBF 120.

El lujo cambia de manos

Sin embargo, el hecho más determinante del ejercicio no está en la cuenta de resultados. Se esconde en un comunicado de octubre de 2025: L’Oréal compra Kering Beauté por 4.000 millones EUR y asegura durante 50 años las licencias de belleza de Gucci, Bottega Veneta y Balenciaga. Creed, la casa de alta perfumería que Kering adquirió en 2023 por unos 4.000 millones EUR, pasa a integrarse en el perímetro de L’Oréal Luxe.

La operación es audaz. Kering Beauté apenas facturó 323 millones EUR en 2024, de modo que el precio pagado, a más de 12 veces las ventas, implica una fe considerable en la capacidad de L’Oréal para desplegar Creed a escala mundial y convertir a Gucci en un motor de crecimiento en belleza, como ya hizo con Yves Saint Laurent Beauté desde 2008. La división de Lujo, precisamente, fue el eslabón menos dinámico del grupo en 2024-2025, con solo un 2,8% de crecimiento orgánico, y Creed y las licencias de Kering llegan para tapar ese bache con un calendario que no parece casual.

¿El riesgo? Que la integración resulte costosa, que la apuesta de triplicar las ventas de Creed se quede en un objetivo de presentación y que la licencia de Gucci —que no arrancará hasta que venza el contrato con Coty, previsiblemente en 2028— tarde en aportar resultados. Pero L’Oréal cuenta con una ventaja de la que pocos competidores disponen: una red de distribución mundial capaz de transformar marcas de nicho en marcas globales con una regularidad casi industrial.

El problema de los que visten demasiado bien

Hasta ahí, las buenas noticias. El problema es que el mercado ya se las sabe. En torno a 372 euros, L’Oréal cotiza a unas 29 veces los beneficios estimados para 2026, prácticamente en su media de largo plazo (excluyendo el periodo de la pandemia). La rentabilidad por flujo de efectivo libre ronda el 3,5% y la rentabilidad por dividendo se sitúa en el 1,9%. Para una compañía cuyo beneficio por acción solo debería crecer entre un 2 y un 3% en 2026 —lastrada por un impuesto extraordinario en Francia de 250 millones EUR y un mayor tipo efectivo—, es un precio que no deja margen de error.

Pongamos las cifras negro sobre blanco. El consenso prevé un beneficio por acción de unos 13 euros en 2026. Con una ratio precio-beneficio constante de 30 veces, el valor razonable del título serían 390 euros, un 4% por encima de la cotización actual. Si se añade un dividendo de 7,20 euros (en torno al 2%), la rentabilidad total a un año se sitúa en el entorno del 6-7%. Es aceptable para un valor de esta calidad, pero difícilmente ilusionante.

Para que L’Oréal vuelva a resultar verdaderamente atractiva, haría falta uno de estos dos escenarios: o bien que el beneficio por acción retome una senda de crecimiento del 7-8% —lo que exigiría una normalización fiscal y una aceleración en Asia del Norte—, o bien una compresión del múltiplo hacia 25 veces, que situaría el título en torno a 325 euros. El primer supuesto parece plausible de cara a 2027; el segundo sería una excelente oportunidad en un valor que rara vez se ha ofrecido a esos niveles en la última década.

Lo que conviene vigilar

Asia del Norte sigue siendo el comodín. La región solo registra un 0,5% de crecimiento orgánico en el año, lastrada por una división de Viajes que se resiste a levantar el vuelo. Pero excluyendo esta, China ha retomado el pulso en la segunda mitad del año (4%) y L’Oréal Luxe se ha colocado como número uno en el país por primera vez. El día que esta zona vuelva a niveles de crecimiento más normalizados —digamos entre el 5 y el 8%—, el efecto palanca sobre el grupo será considerable, dado que Asia del Norte representa el 22% de las ventas.

La integración de Kering Beauté será la otra gran prueba. L’Oréal ha salido airosa de todas sus grandes adquisiciones —de YSL Beauté a Aesop, pasando por CeraVe—, pero con una factura de 4.000 millones la tolerancia al error es mínima y el mercado escrutará de cerca los primeros indicadores de despliegue de Creed.

¿Valorada para la perfección?

L’Oréal es una compañía que puede calificarse de excepcional sin miedo a exagerar: 37 marcas, más de 90.000 empleados, cuatro divisiones rentables, un margen bruto del 74%, un balance saneado y una cultura de innovación sin equivalente en el sector. El valor, por su parte, está razonablemente valorado: ni barato, ni desorbitado. Al precio actual, el inversor compra un crecimiento sostenido del beneficio del 5-7% anual, complementado con un dividendo modesto, lo que arroja una rentabilidad total anualizada del orden del 7-9%. Ese es el contrato implícito de un valor de primera clase de esta categoría.

Para quienes ya son accionistas, no hay ninguna razón evidente para vender. Para quienes observan desde la barrera, la paciencia podría verse recompensada con un punto de entrada más atractivo, que —si la historia reciente del valor sirve de guía— terminará por aparecer.