En las oficinas de los analistas, desde Wall Street hasta MarketScreener, parecía haberse instalado la calma. Tras los importantes avances entre Estados Unidos e Irán para resolver el conflicto en Oriente Próximo, el flujo de noticias financieras se había moderado. Sin embargo, se trata solo de un breve respiro.

La próxima semana marcará el inicio de la temporada de resultados del segundo trimestre o resultados semestrales, y las previsiones son especialmente exigentes. Aunque enero y febrero cumplieron con lo prometido, en marzo se revirtió completamente la tendencia. Durante el primer trimestre, el S&P 500 retrocedió un 4,3%, mientras que el Nasdaq cayó un 7%. La misma secuencia se repitió al otro lado del Atlántico, donde el STOXX Europe 600 perdió casi el 8% de su valor de mercado. Solo los parqués asiáticos lograron nadar a contracorriente, impulsados por su combinación sectorial.

A esto se suma la reanudación de las tensiones en Oriente Próximo hoy, después de que Donald Trump cancelara el acuerdo marco. Esta nueva ronda no dará margen de error a las empresas. El mercado ya descuenta un trimestre excepcional, impulsado en gran medida por las grandes tecnológicas. Según el informe de FactSet publicado el 2 de julio, las estimaciones de crecimiento global para el S&P 500 ascienden al 23,3% interanual. No obstante, todavía no hay nada garantizado.

Durante estas semanas de presentaciones, el gran desafío para las compañías será batir las previsiones o, al menos, cumplirlas. Como MarketScreener señala habitualmente, la euforia en torno a la inversión tecnológica empieza a desvanecerse. Los valores de semiconductores pierden terreno y los rumores sobre un retraso en la salida a bolsa de OpenAI se intensifican. Los inversores también están rotando hacia sectores más defensivos, menos expuestos al pinchazo de una potencial burbuja de la inteligencia artificial.

El primer trimestre lo demostró: el mercado ya no se conforma con resultados que simplemente cumplen con lo esperado. Por tanto, esta temporada promete ser movida. Es necesario hacer un rápido análisis de lo que les espera a las mayores multinacionales del mundo:

Nvidia. El mercado apuesta de nuevo por un crecimiento explosivo en el segmento de centros de datos, impulsado por el despliegue generalizado de la arquitectura Blackwell. Los inversores vigilarán de cerca los márgenes brutos (que se esperan en torno al 73%) y la capacidad de las fábricas para satisfacer la demanda sin retrasos.

Apple. Tras un primer trimestre de récord, Apple orientó al mercado hacia un crecimiento de los ingresos de entre el 14% y el 17% para este periodo. Los analistas quieren comprobar si el entusiasmo por las funciones de inteligencia artificial integradas en los dispositivos activará el famoso superciclo de renovación de terminales, especialmente tras el fuerte incremento de los precios de venta.

Microsoft. En este caso, el punto de presión sigue siendo el retorno de la inversión. Microsoft está invirtiendo decenas de miles de millones en sus centros de datos. El mercado exige ahora que este gasto se traduzca en una clara aceleración del crecimiento de Azure.

LVMH. Tras un inicio de año irregular, el líder mundial del lujo necesita tranquilizar a los inversores sobre la resiliencia del mercado estadounidense y el comportamiento del consumo en Asia. Una decepción por parte de LVMH podría arrastrar al CAC 40 francés a los números rojos.

ASML. El nivel de nuevos pedidos se observará con lupa. Los inversores quieren saber si TSMC, Intel y Samsung están intensificando la compra de máquinas para producir chips de próxima generación.

Para un mercado que recientemente ha alcanzado máximos históricos en todo el mundo, este examen parece decisivo. El pistoletazo de salida lo darán la próxima semana los grandes bancos de Estados Unidos, ASML, TSMC y Richemont. Esas primeras cifras marcarán el tono para el resto del verano.