Una sola ruta para el gas catarí
A diferencia del crudo —que a veces puede desviarse por oleoductos terrestres—, el gas catarí está atrapado por su geografía. Para llegar a Europa o a Asia, debe pasar por el estrecho de Ormuz, un cuello de botella por el que transita el 20% del comercio mundial de gas natural licuado y que hoy está paralizado. Las tarifas del flete marítimo han subido más del 40% en 24 horas, ya que las aseguradoras se niegan a cubrir a los buques en esa zona.
En este contexto, exportadores estadounidenses de gas natural licuado como Venture Global y Cheniere Energy vieron dispararse ayer sus cotizaciones (17% y 6%) mientras se lanzaban a una carrera contrarreloj para aumentar los envíos. Al desviar sus cargamentos para colmar el vacío dejado por Catar, responden a la urgencia, pero también alimentan una puja mundial que ha impulsado los precios a una subida superior al 50%.
Europa contra las cuerdas: existencias bajas y el mundo entero a la caza del gas
Mal momento para Europa, que afronta esta crisis con existencias llenas solo al 30%, un 35% por debajo de su media de los últimos cinco años, según Vortexa. Si parte del suministro aún llega por gasoducto desde Noruega o Argelia, es el gas natural licuado —convertido en 2025 en la primera fuente de energía del continente, con casi el 50% de cuota de mercado— el que hoy queda directamente amenazado.
Sin la contribución de Catar, el mercado anticipa una batalla abierta con los compradores asiáticos (China, India, Corea del Sur) por los pocos cargamentos de Estados Unidos que aún estén disponibles. La tensión golpea primero a Alemania, Italia, Francia y España, que por sí solas concentran alrededor de dos tercios del consumo de la Unión Europea.
Los mercados ven una crisis breve; Goldman Sachs se prepara para lo peor
Los mercados parecen seguir apostando por un problema pasajero. Si la crisis se instala, los precios a largo plazo acabarían siguiendo la escalada del gas al contado. Por ahora, la diferencia es clara: los contratos al contado han subido un 50%, mientras que el contrato a un año solo ha avanzado un 7%. Los inversores compran el pánico del momento, no una escasez duradera.
Pero el estrecho de Ormuz aún no ha vuelto a abrirse. El secretario de Estado Marco Rubio debe presentar este martes un plan de emergencia sobre los costes energéticos, sin que esté prevista una liberación de las reservas estratégicas de Estados Unidos. Por su parte, Bloomberg informa —según fuentes del sector del gas— de que Pekín habría presionado a Teherán para mantener abierto el estrecho. Goldman Sachs advierte, sin embargo, de que un bloqueo de un mes bastaría para llevar los precios a 74 EUR por megavatio/hora, un nivel que obligaría a la industria europea a recortar la producción de forma masiva, como en lo peor de la crisis de 2022. Si el estrecho sigue cerrado, la apuesta por un shock pasajero podría revelarse infundada.



















