Gran parte de las empresas de la región del Atlántico Medio de Estados Unidos todavía no han terminado de subir sus precios tras la oleada de incrementos en los impuestos a la importación aprobada por el presidente Donald Trump, según un nuevo estudio de la Reserva Federal de Nueva York publicado este miércoles.

"Nuestras últimas encuestas regionales de actividad empresarial revelan que casi la mitad de las firmas que han pagado aranceles aún planean subidas de precios adicionales para compensar estos costes; algunas de ellas prevén hacerlo dentro de seis meses o incluso más tarde", explicaron los economistas del banco en un artículo en su página web. Esta perspectiva implica que "las presiones inflacionistas debidas a los aranceles podrían prolongarse durante bastante tiempo".

Según los sondeos realizados a las empresas del distrito, algo menos de un tercio tiene previsto elevar sus precios durante el próximo semestre, mientras que otro grupo de compañías planea incrementos a más largo plazo.

Los investigadores de la Reserva Federal de Nueva York señalaron que la falta de una repercusión inmediata de los mayores costes se debe probablemente a varios factores. En algunos casos, los contratos vigentes han impedido trasladar el encarecimiento hasta la fecha, por lo que estos ajustes se producirán ahora, a medida que se establezcan los nuevos contratos.

Otras empresas aplican las subidas de precios derivadas de los aranceles de forma gradual porque "esta estrategia de fijación de precios permite a las firmas evitar un impacto brusco en sus clientes", indicaron los investigadores.

Las últimas conclusiones del banco sobre los aranceles y la inflación se centran en empresas que operan en Nueva York, zonas de Connecticut y Nueva Jersey, así como en Puerto Rico y las Islas Vírgenes de Estados Unidos. El informe no extrapola esta experiencia a las tendencias nacionales más generales. En una entrevista televisiva concedida el martes, John Williams, máximo responsable de la Reserva Federal de Nueva York, afirmó que, en términos generales y en lo que respecta al impacto de los aranceles en el encarecimiento de los precios, "estamos cerca del efecto máximo".

A principios de este año, la Reserva Federal de Nueva York se situó en el punto de mira de la Casa Blanca de Trump después de que una investigación afirmara que la mayor parte de las subidas arancelarias se estaban trasladando a los consumidores y no las estaban absorbiendo los productores extranjeros, como ha sostenido el presidente durante mucho tiempo. Aquel hallazgo desencadenó un ataque directo contra el banco central, a pesar de que la conclusión no sorprendió a la mayoría de los economistas. El régimen arancelario de Trump se ha visto complicado desde entonces por el hecho de que el Tribunal Supremo dictaminó que partes fundamentales del mismo se ejecutaron de forma ilegal.

La elevada inflación ha preocupado a los responsables de la Reserva Federal durante algún tiempo. Las presiones sobre los precios, distorsionadas por factores derivados de la pandemia de COVID-19, se encontraban en una senda de retorno hacia el objetivo del 2% del banco central hasta que Trump regresó al cargo e impuso los gravámenes comerciales.

La inflación se ha visto sometida a una mayor presión al alza por la guerra en Oriente Próximo, que el martes volvió a una fase de gran intensidad. El recrudecimiento de los combates podría suponer que los precios de la energía comiencen a subir de nuevo. Una inflación persistentemente alta podría dar a los miembros más restrictivos de la Reserva Federal nuevos argumentos para defender subidas de los tipos de interés del banco central a finales de este año.