La posible unión entre Rio Tinto y Glencore podría necesitar la venta de activos para conseguir la aprobación regulatoria del principal comprador mundial de materias primas, China, que desde hace tiempo expresa preocupaciones sobre la seguridad de recursos y la concentración de mercado.

Las dos gigantes mineras revelaron la semana pasada que, por segunda vez en dos años, mantenían conversaciones iniciales sobre una posible fusión, lo que podría dar lugar a la mayor compañía minera del mundo, con un valor de mercado superior a los 200.000 millones de dólares.

Sin embargo, analistas y abogados señalan que el volumen de sus ventas a China implica que cualquier acuerdo necesitará la aprobación de Pekín, como sucedió con anteriores megafusiones mineras, como la adquisición de Xstrata por parte de Glencore en 2013, valorada en 35.000 millones de dólares.

Varios analistas y abogados indicaron a Reuters que el regulador antimonopolio de China probablemente se preocupará por la concentración de la nueva entidad en la producción y comercialización de cobre, así como en la comercialización de mineral de hierro. Además, Pekín podría ver la oportunidad de forzar la venta de activos a entidades afines, añadieron.

Incluso antes de que se hicieran públicas las conversaciones con Glencore, Rio Tinto ya exploraba un canje de activos por acciones para reducir la participación del 11% de su mayor accionista, la estatal china Aluminium Corporation of China, conocida como Chinalco. La mina de mineral de hierro Simandou en Guinea y la mina de cobre Oyu Tolgoi en Mongolia estaban entre los activos de interés para Chinalco, según fuentes de entonces.

Para sacar adelante el acuerdo con Glencore, los activos en África son especialmente candidatos a la venta, ya que Latinoamérica se ha mostrado menos receptiva a la inversión china, según Glyn Lawcock, analista de Barrenjoey en Sídney.

"China verá esto como una oportunidad para presionar la salida de activos", afirmó.

El ministerio de Comercio de China, su regulador de mercados y Chinalco no respondieron a las preguntas sobre el acuerdo. Glencore y Rio Tinto declinaron hacer comentarios.

PRECEDENTE DE GLENCORE 

Glencore ya ha pasado por esta situación. En 2013, los reguladores chinos obligaron a la compañía suiza a vender su participación en la mina de cobre Las Bambas en Perú, una de las mayores del mundo, a inversores chinos por casi 6.000 millones de dólares, a cambio de aprobar la compra de Xstrata.

"El acuerdo de Las Bambas sigue considerándose una solución muy exitosa y podría servir de modelo para los reguladores", afirmó un socio de una firma internacional de abogados con sede en China, bajo condición de anonimato.

Glencore también aceptó vender a clientes chinos cantidades mínimas de concentrado de cobre a ciertos precios durante poco más de siete años, ya que Pekín temía que el grupo fusionado tuviera demasiado poder sobre el mercado del cobre.

Los activos de cobre son aún más codiciados hoy en día, debido al papel del metal en la transición ecológica y la inteligencia artificial. Rio Tinto y Glencore están reorientando su enfoque hacia el cobre, al igual que otros competidores como la australiana BHP.

Los reguladores chinos también están examinando la planeada fusión centrada en el cobre entre Anglo American y Teck Resources, valorada en 53.000 millones de dólares, según declaró el director ejecutivo de Teck, Jonathan Price, en septiembre.

RETOS POLÍTICOS

La creciente importancia del cobre está politizando el metal. La Casa Blanca ha aludido al dominio de China sobre la cadena de suministro como una amenaza directa para la seguridad nacional y queda por ver cómo reaccionaría ante grandes ventas de activos minerales a intereses chinos.

Una entidad fusionada entre Rio Tinto y Glencore comercializaría alrededor del 17% del suministro mundial de cobre, según Lawcock, aunque analistas de Barclays afirman que la cuota de producción minera es solo del 7,5% y probablemente no desencadene grandes preocupaciones antimonopolio.

No obstante, la política ha frustrado acuerdos antes.

El fabricante estadounidense de chips Qualcomm abandonó un acuerdo de 44.000 millones de dólares para comprar NXP Semiconductors en 2018 tras no conseguir la aprobación de los reguladores chinos, en lo que se consideró una respuesta a la guerra comercial entonces en curso entre Washington y Pekín. La imposibilidad de obtener el visto bueno de los reguladores chinos también hundió la propuesta de adquisición de Arm Ltd. por parte de Nvidia.

En acuerdos anteriores de recursos, sin embargo, Pekín ha dado su aprobación como parte de una negociación. Un año antes de la venta de Las Bambas, China exigió cambios importantes en la alianza entre la japonesa Marubeni y la estadounidense Gavilon, citando preocupaciones de seguridad alimentaria.

"Claramente, este sería un acuerdo largo y complicado desde la perspectiva de la aprobación regulatoria", escribió Mark Kelly, director ejecutivo de la consultora MKI Global Partners, en una nota, "y la presencia de Chinalco en el registro de accionistas de Rio siempre complica aún más este panorama".