El repunte de la inflación y el salto del 30% en los precios del petróleo están frenando el crecimiento mundial. Sin embargo, no parece probable que los líderes de las principales potencias económicas culpen al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de la desaceleración provocada por el conflicto cuando se reúnan este miércoles en Francia para analizar la situación económica.

Los líderes del G7, ya afectados por los aranceles estadounidenses y las desavenencias sobre la OTAN y Groenlandia, criticaron públicamente la decisión de Trump de no consultarles antes de que Estados Unidos e Israel iniciaran la guerra con Irán a finales de febrero, al tiempo que advirtieron sobre las posibles consecuencias económicas.

Estados Unidos e Irán anunciaron este fin de semana que habían alcanzado un acuerdo para detener los combates y reabrir el estrecho de Ormuz, lo que ha inyectado una dosis de optimismo en los mercados globales.

No obstante, el impacto de la contienda en la economía mundial ya es evidente: ha provocado un fuerte encarecimiento de la energía, ha reavivado las presiones inflacionistas y ha despertado el temor a una grave crisis de suministro de alimentos en los países en desarrollo. Los banqueros centrales han endurecido su política monetaria; de hecho, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón subieron los tipos de interés la semana pasada para evitar un impacto inflacionista mayor.

El primer ministro británico, Keir Starmer, afirmó estar «harto» del impacto del conflicto en las facturas energéticas, mientras que la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, advirtió de las consecuencias económicas y sociales de la guerra. El alza de los precios también ha mermado los índices de aprobación de Starmer, del canciller alemán Friedrich Merz y del presidente francés Emmanuel Macron.

Pese a ello, los mandatarios han dejado de lado en gran medida las disputas sobre el impacto económico de la guerra durante la cumbre del G7 de esta semana, ante el deseo de evitar un enfrentamiento con Trump, cuya cooperación necesitan en asuntos que van desde Ucrania y la OTAN hasta el comercio.

El resultado, según los analistas, es que el G7 —nacido tras la crisis del petróleo de 1973 para ayudar a gestionar las crisis económicas— está eludiendo ahora el principal desafío económico mundial, lo que podría erosionar su propia relevancia.

«La política estadounidense ha estado perjudicando la actividad económica mundial», señaló Marcelo Estevao, economista jefe del Institute of International Finance.

«Tenemos a un país con la mayor economía del mundo socavando lo que podría haber sido una agenda de colaboración del G7», afirmó, y añadió que los líderes del grupo necesitan apuntalar su relevancia en un momento en que las economías de los mercados emergentes —que no forman parte del grupo— representan una cuota cada vez mayor de la economía global.

¿UNA AGENDA SIN FRICCIONES?

Francia, que como presidenta del G7 este año desea evitar conflictos, descartó de antemano cualquier intento de emitir una declaración final conjunta de carácter general. En su lugar, se ha centrado en declaraciones sobre cuestiones más específicas, como los desequilibrios globales, las cadenas de suministro de minerales críticos y el giro de la ayuda al desarrollo hacia programas más orientados a la inversión.

Además, las posibilidades de un enfrentamiento han disminuido gracias al acuerdo provisional alcanzado por funcionarios estadounidenses e iraníes justo antes de que Trump partiera hacia Francia.

Los economistas sostienen que el pacto es una buena noticia para la economía mundial, pero advierten de los enormes riesgos si el acuerdo fracasa y el conflicto se intensifica. Añaden que normalizar los flujos comerciales llevará meses, si no más, mientras que los analistas del sector de los combustibles y los expertos marítimos estiman que el suministro de combustible para buques podría tardar un año en volver a la normalidad.

La directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, que se unió a los líderes del G7 en Francia, compartió una visión más optimista en un artículo publicado el lunes tras el acuerdo, suavizando sus nefastas advertencias de hace dos meses. Afirmó que la economía mundial resiste por ahora, sin signos todavía de una desaceleración global a pesar de los impactos significativos en diversas regiones.

El Fondo Monetario Internacional, cuyo principal accionista es Estados Unidos, publicará una actualización de sus previsiones mundiales el 8 de julio. El artículo de Georgieva, publicado días después de un pronóstico más sombrío del Banco Mundial, sugiere que el Fondo Monetario Internacional podría decantarse por el menos malo de tres escenarios: uno que asume una guerra breve en Irán y proyecta un crecimiento del 3,1% en 2026, frente al 3,4% de 2025. Su escenario más adverso mostraba una caída del crecimiento hasta apenas el 2%, con una inflación que alcanzaría el 5,8%.

Funcionarios estadounidenses han destacado que los precios del petróleo se han alejado de sus máximos y que Estados Unidos, como exportador de combustible, se vio protegido de las peores subidas de precios. Argumentan que el impacto de la guerra en la economía mundial debería mitigarse rápidamente una vez que se reabra el estrecho. Estados Unidos cree que incluso Europa, que es importadora de combustible, probablemente evitará la inminente escasez, según fuentes conocedoras de la postura de la administración Trump.

DUDAS SOBRE LA RELEVANCIA DEL G7

El G7 —integrado por las principales economías europeas más Estados Unidos, Canadá y Japón— se enfrenta a dudas sobre su relevancia a medida que economías en desarrollo como India, Brasil y China han ido creciendo.

El grupo económico representa ahora solo el 44,1% del Producto Interior Bruto mundial, frente al 60,5% de sus inicios, según el Center for Strategic and International Studies.

Aun así, los participantes sostienen que el G7 sigue siendo útil cuando surgen crisis, como ocurrió con la crisis financiera mundial de 2008-2009.

«El G7 siempre ha sido capaz, si es necesario, de tomar decisiones reales que todavía rigen la mitad de la economía mundial», afirmó Martin Muehleisen, antiguo jefe de estrategia del Fondo Monetario Internacional que participó en cumbres anteriores, incluidas algunas con Trump.

Según Muehleisen, los líderes europeos se mostrarán cautos durante los actos oficiales, aunque no se descartan momentos de tensión durante las reuniones individuales y los almuerzos.

Eric LeCompte, director ejecutivo de Jubilee USA Network, una organización dedicada al desarrollo, señaló que los problemas económicos siguen siendo una prioridad absoluta a pesar del acuerdo de paz y del descenso de los precios del combustible. «La economía atraviesa una profunda agitación y no hace falta estar en un país en desarrollo para verlo. Basta con ir al supermercado para sentirlo», concluyó.