Fue uno de los movimientos más llamativos en los mercados desde el inicio de la guerra en Irán: la escalada de los tipos de interés. Un movimiento que venimos describiendo en estas columnas desde hace varias semanas. Hasta tal punto que la semana pasada titulamos que las subidas de los tipos de interés ya se habían producido.

En efecto, el repunte de los precios de la energía ha hecho renacer los temores inflacionistas. A esto se debe añadir una presión adicional sobre las finanzas públicas, ya que los gobiernos tratan de mitigar los efectos en sus economías. Un contexto que ha devuelto los tipos a largo plazo europeos a su nivel más alto en unos quince años.

El anuncio, durante la noche, de un alto el fuego de dos semanas por parte de Donald Trump ha revertido la tendencia. El mercado vislumbra ahora una salida negociada y una reapertura del estrecho de Ormuz. Los precios del petróleo han caído casi 20 USD.

En cuanto a los tipos, el bono español a 10 años ha perdido 21 puntos básicos, el Bund más de 15 y el bono británico a 10 años unos 20. Movimientos violentos, a la altura del alivio en los mercados y de la subida registrada desde hace un mes.

No obstante, nada garantiza que los tipos recuperen su nivel anterior al conflicto en Irán, pues, aunque las hostilidades terminen hoy, restablecer el suministro energético normal llevará tiempo. Por citar un ejemplo, los ataques iraníes contra el yacimiento de Ras Laffan (hace 3 semanas) han dañado el 17% de la capacidad de gas natural licuado de Catar por un período de 3 a 5 años, según el director general de QatarEnergy.

Por lo tanto, es de esperar que los precios se mantengan elevados en los próximos meses. En este contexto, el margen para que los bancos centrales decidan bajadas de tipos es mucho más estrecho que hace un mes y medio.

Otro elemento que apunta en esta dirección es que los estados del golfo Pérsico tendrán que realizar grandes desembolsos para mejorar su defensa y reconstruir ciertas infraestructuras. Ahora bien, estos países generan normalmente importantes superávit que se reinvierten en parte en Occidente. Menos capital disponible se traduce en tipos de interés más elevados.

Por último, la presión sobre las finanzas públicas seguirá siendo intensa. La guerra en Irán ha puesto de relieve nuevas necesidades (especialmente en términos de defensa antiaérea) y, de inmediato, existe la necesidad de reponer los arsenales de municiones. En Estados Unidos, la Administración de Trump reclama así 1,5 billones USD para defensa en el marco del próximo presupuesto, lo que supone un aumento del 44% respecto a 2026.