La industria de las criptomonedas ha comenzado a prepararse para el desafío que supone la computación cuántica, ante los recientes avances que alimentan el temor de que esta tecnología sea capaz, en un futuro cercano, de vulnerar el cifrado que protege las transacciones y los monederos digitales.
Los ordenadores cuánticos pueden resolver problemas matemáticos complejos a una velocidad muy superior a la de los equipos más sofisticados de la actualidad, lo que permitiría descifrar los métodos convencionales de protección de la información digital. Esto representa una seria amenaza para el mercado global de criptomonedas, valorado en 2 billones USD, que se sustenta en cadenas de bloques protegidas por criptografía tradicional y que ya cuenta con un historial de hackeos de gran envergadura.
Aunque esta tecnología es todavía mayoritariamente experimental, la inquietud en el sector ha crecido tras una investigación publicada en marzo por Google, filial de Alphabet y uno de los gigantes tecnológicos que lideran este campo. Según directivos y analistas, el estudio sugiere que los ordenadores cuánticos podrían romper dicha criptografía antes de lo previsto. Google ha señalado que estas máquinas capaces de vulnerar el cifrado podrían estar listas para 2029, cuando anteriormente se estimaba que faltaba al menos una década.
Investigaciones recientes de Citigroup y otras entidades también han concluido que la computación cuántica, sumada a los avances en inteligencia artificial, ha acortado el plazo en el que las criptomonedas serán vulnerables de forma generalizada ante los piratas informáticos.
Consciente de los riesgos que esta tecnología plantea tanto para el sector público como para el privado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, emitió el mes pasado órdenes ejecutivas para reforzar la capacidad cuántica del país.
Algunas empresas de criptoactivos y desarrolladores de cadenas de bloques ya están diseñando planes para actualizar sus redes con criptografía resistente al entorno cuántico. Se trata de un esfuerzo que podría prolongarse durante años y que exigiría cambios profundos en la infraestructura que sustenta los activos digitales.
"Es la amenaza más directa y existencial para las criptomonedas y sus redes", afirma Chris Tam, responsable de innovación cuántica en BTQ Technologies, firma especializada en seguridad cuántica.
LAS CADENAS DE BLOQUES UTILIZAN CRIPTOGRAFÍA DE HACE DÉCADAS
La mayoría de las cadenas de bloques se basan en la criptografía de curva elíptica, desarrollada hace décadas, para generar las claves públicas y privadas, así como las firmas digitales que verifican la propiedad de los activos y autorizan las operaciones. Las claves públicas se derivan matemáticamente de las privadas y, en muchas redes, resultan visibles para todos una vez que los activos se utilizan en una transacción o transferencia.
Si bien los ordenadores convencionales no pueden obtener una clave privada a partir de una pública, un ordenador cuántico con la potencia suficiente podría lograrlo, permitiendo a los atacantes falsificar firmas digitales y autorizar transacciones fraudulentas.
Este riesgo es especialmente crítico en las redes públicas de criptomonedas donde las operaciones, a diferencia de los pagos tradicionales, son irreversibles.
"El sector cripto está singularmente expuesto porque las cadenas de bloques son transparentes y permanentes", explica Utkarsh Ahuja, socio gestor de Moon Pursuit Capital, firma de inversión en este ámbito.
El bitcóin, la criptomoneda de mayor capitalización, se considera especialmente vulnerable debido a que sus 17 años de historial de transacciones han generado un gran volumen de claves públicas visibles.
Aproximadamente el 35% del suministro en circulación de este activo podría estar expuesto a un ataque de computación cuántica, según un documento de trabajo de junio de 2026 del investigador independiente Ahmed Raza Muhammad Umer. Otros estudios del año pasado estiman que esa cifra podría alcanzar incluso el 50%.
Un solo incidente en el que un pirata informático robe y venda una gran cantidad de un activo podría hundir su precio, advierte Cristiano Ventricelli, vicepresidente y analista sénior de activos digitales en Moody's Ratings. "Todo el mundo sentiría el impacto", añade.
Este riesgo ya ha llevado a algunos a replantearse sus inversiones en bitcóin. Christopher Wood, el influyente responsable global de estrategia de renta variable de Jefferies, eliminó en su boletín de enero una asignación del 10% a bitcóin de su cartera modelo debido a la amenaza existencial a largo plazo que supone la computación cuántica.
LOS PLANES DE ACTUALIZACIÓN COBRAN FORMA
No obstante, Ahuja y otros expertos consideran que todavía faltan algunos años para que la computación cuántica pueda vulnerar las cadenas de bloques, y confían en que la industria logre actualizarse con nuevos tipos de criptografía "poscuántica" resistentes a esta tecnología.
Muchos directivos del sector advierten también de que actuar demasiado pronto podría crear vulnerabilidades, ya que la criptografía poscuántica todavía evoluciona con rapidez. Las firmas digitales poscuánticas suelen ser mucho más pesadas que las tradicionales, lo que aumenta las necesidades de almacenamiento y ancho de banda. Esto podría elevar los costes y empeorar la experiencia del usuario, especialmente en cadenas de bloques con límites fijos de tamaño, como el bitcóin, señala Zach Pandl, responsable de análisis de la gestora de activos cripto Grayscale, aunque se muestra confiado en que las redes acabarán solucionando estos problemas.
"Tenemos un reto de ingeniería por delante, pero ya hay soluciones técnicas sobre la mesa", añade.
Superar este desafío podría llevar años. Un alto directivo de ciberseguridad de una importante empresa del sector prevé que su compañía tardará dos años en ser totalmente resistente a la computación cuántica. Tanto él como otros expertos comparan esta labor con la reestructuración del Efecto 2000, cuando se gastaron más de 300.000 millones USD en todo el mundo para corregir el error del milenio.
El problema es especialmente complejo para las cadenas de bloques, que son mayoritariamente descentralizadas, lo que significa que están gestionadas por una comunidad que podría no ponerse de acuerdo sobre el camino a seguir, apunta Tam, de BTQ Technologies.
Ninguna de las 20 principales cadenas de bloques ha implementado todavía un algoritmo de firma poscuántica, según las fuentes consultadas. En el caso del bitcóin, los desarrolladores y participantes del mercado están divididos sobre qué solución adoptar y cuándo realizar el cambio. La Fundación Ethereum, que respalda la red sobre la que se apoya el ether, la segunda criptomoneda del mercado, afirma que su objetivo es alcanzar la protección total frente a la computación cuántica para 2029.
"El escenario de desastre sería que esto ocurriera mucho antes de lo que pensamos", afirma Christopher Smith, consejero delegado de Quantus, una cadena de bloques que ya utiliza criptografía poscuántica.
La Fundación Algorand, que da soporte a la cadena de bloques homónima —cuyo activo nativo tiene una capitalización de mercado de unos 780 millones USD—, se encuentra entre las pioneras. El mes pasado publicó una hoja de ruta poscuántica y prevé empezar a admitir cuentas con esta protección a finales de año, según explica Bruno Martins, director de tecnología de la organización.
"Nos pareció correcto empezar a actuar ahora, porque lo responsable es tener un plan", concluye Martins.



















