Es cierto que el precio del barril ha disminuido en los últimos doce meses, pero esto no ha penalizado en exceso los resultados de la superpetrolera estadounidense, que se había cubierto bien frente a esta contingencia; al final, la rentabilidad de su segmento de exploración y producción solo ha registrado un descenso moderado.

Exxon devolvió 38.000 millones USD a sus accionistas en 2025, incluidos 20.000 millones en recompras de acciones; operaciones estas que, sin embargo, apenas reducen el número de títulos en circulación, ya que solo han servido para absorber la dilución causada por la adquisición de Pioneer el año pasado; y 18.000 millones en dividendos. Es, más o menos, lo mismo que en 2024 y, tanto en un caso como en el otro, más que el beneficio obtenido por el grupo, ya se tenga en cuenta el resultado contable o el flujo de efectivo libre. De ahí los dos agujeros sucesivos en la tesorería: el primero, de 8.000 millones USD en 2024, y el segundo de 12.000 millones en 2025.

¿Hay que inquietarse por esta dinámica cuando la acción alcanza un máximo histórico y la capitalización bursátil se acerca al umbral simbólico de los 600.000 millones USD? La pregunta está sobre la mesa, porque Exxon está actualmente valorada con múltiplos de beneficios y de fondos propios en la parte alta, y con una rentabilidad por dividendo en el nivel más bajo.

A finales de 2024, subrayábamos en Exxon Mobil Corporation: Perspectivas faraónicas que la petrolera se había comprometido a distribuir 165.000 millones USD a sus accionistas entre 2025 y 2030, además de sus dividendos regulares. Estos compromisos, sobre los que ahora resulta difícil dar marcha atrás, son potencialmente peligrosos en un sector que sigue expuesto a fuertes vaivenes coyunturales.

Hace unos años, fue precisamente un escenario de este tipo el que precipitó Boeing: Aún no está fuera de peligro que posteriormente la llevó al borde del concurso de acreedores.