La victoria por mayoría absoluta de Magyar otorga a su partido de centroderecha, Tisza, la oportunidad de modificar las leyes judiciales, electorales, de licitación pública y de control de medios. Estas normas estuvieron en el centro de la conflictiva relación de Orbán con Bruselas y provocaron la retención de unos 18.000 millones de euros (21.200 millones de dólares) en fondos de la UE.
Durante una maratoniana rueda de prensa tras su triunfo, Magyar, que pretende utilizar ese capital para dinamizar la economía, se comprometió a ejecutar reformas integrales, integrarse en la Fiscalía Europea, establecer un límite de dos mandatos para el cargo de primer ministro y desbloquear un préstamo de la UE de 90.000 millones de euros para Ucrania.
Para los economistas, las implicaciones son evidentes: solo el desbloqueo de los fondos comunitarios, que representan cerca del 8% del producto interior bruto anual de Hungría, podría añadir entre 1 y 1,5 puntos porcentuales al crecimiento, según estimaciones de Morgan Stanley.
Para los inversores internacionales, con capacidad para elegir dónde posicionar su capital, esto, sumado al cambio general en el clima político, supondría un impulso significativo.
"Es un nuevo capítulo para Hungría y una gran oportunidad", afirmó Magdalena Polan, responsable de investigación macroeconómica de mercados emergentes en PGIM, sobre el relevo gubernamental.
"No hará falta mucho para movilizar la economía, ya que la confianza y el Estado de derecho son componentes esenciales de los factores económicos que inciden en el crecimiento".
Los analistas de JPMorgan prevén que el restablecimiento de las relaciones con la UE se produzca de forma casi inmediata y sostienen que los compromisos iniciales de reforma serán probablemente suficientes para comenzar a liberar los fondos congelados.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, calificó la victoria de Magyar como "un triunfo de las libertades fundamentales", comparando la salida del nacionalista Orbán con el levantamiento antisoviético de 1956 y la ruptura con el comunismo en 1989.
Aunque el plazo de mediados de año para que Budapest absorba los fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR) post-COVID parece demasiado ajustado a priori, JPMorgan también cree que las "circunstancias extraordinarias exigirán una flexibilidad excepcional" por parte de la UE.
ESQUELETOS EN LAS ARCAS
El resultado electoral impulsó al forinto húngaro a su mejor nivel frente al euro en cuatro años, mientras que los costes de endeudamiento público a 10 años cayeron medio punto porcentual hasta su mínimo desde principios de 2024, y el mercado bursátil avanzó casi un 5%.
Sin embargo, una vez que se asiente el entusiasmo inicial, los inversores querrán conocer la postura de Tisza sobre las finanzas estatales tras un examen riguroso de las cuentas.
Hungría presenta actualmente uno de los mayores déficits presupuestarios de la UE, superior al 5% del PIB. Su ratio deuda/PIB supera el 70% y sigue al alza, y la agencia de calificación S&P Global mantiene al país a un solo escalón del grado especulativo o "bono basura".
Magyar ha manifestado su esperanza de que un crecimiento más sólido y una mejora de la confianza, que reduzca aún más los costes de financiación del Gobierno, ayuden a revertir la situación. También prometió erradicar la corrupción, poner fin a los proyectos de inversión "de prestigio" y detener las contrataciones públicas con sobrecostes.
"Estoy seguro de que encontrarán algunos esqueletos en el armario", señaló Viktor Szabo, gestor de carteras de deuda de mercados emergentes en Aberdeen, en referencia a la auditoría de las finanzas que realizará Tisza, aunque también espera que S&P estabilice la calificación crediticia ante el probable desbloqueo de los fondos europeos.
La otra prioridad en la agenda del nuevo Gobierno será un plan presupuestario creíble a medio plazo, añadió Szabo. Este debe presentarse a la Comisión Europea antes de octubre, pero podría requerirse un borrador y algunas medidas ad hoc mucho antes.
NUEVOS COMIENZOS, VIEJAS REALIDADES
La adopción del euro también figura en la agenda, aunque falten años para ello.
Fue una promesa clave de la campaña electoral de Magyar y la mayoría cualificada de Tisza debería permitirle sacar adelante todos los cambios constitucionales necesarios.
No obstante, los analistas de Deutsche Bank advierten que "la dinámica fiscal y de deuda del país sigue siendo incompatible con los criterios de Maastricht por el momento", dado el requisito de entrada en la eurozona de mantener un déficit presupuestario inferior al 3% del PIB y un nivel de deuda/PIB del 60% o inferior, o al menos en senda descendente.
El objetivo de inflación de Hungría del 3% (+/-1 p.p.) también debe alinearse con el nivel preferido por el Banco Central Europeo, situado "cerca pero por debajo" del 2%, indicaron.
Polan, de PGIM, también observa que persisten ciertas realidades económicas y políticas más amplias.
Un desembolso repentino de fondos de la UE antes de que se consoliden las reformas podría exponer a Bruselas a impugnaciones legales por parte de otros Estados miembros potencialmente descontentos.
Mientras tanto, las empresas húngaras se enfrentan a una escasez de mano de obra agravada por el envejecimiento de la población, las barreras lingüísticas y su política migratoria. La mejora del nivel de vida no ha seguido el ritmo de algunos de sus vecinos, y poner fin a la dependencia del gas ruso parece aún más difícil por ahora debido al conflicto en Oriente Próximo.
No obstante, la salida de Orbán implica que mucho está a punto de cambiar, y muy probablemente para mejor según la visión de muchos inversores.
"Estamos ante una situación completamente nueva", concluyó Polan.
($1 = 0,8491 euros)



















