Con un alza del 41,6% en marzo, el crudo Brent registró su mayor ganancia mensual de la historia, superando por poco el aumento del 41% observado en mayo de 2020. Se trata de la consecuencia más tangible de la guerra en Irán, iniciada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero. En apenas unas horas, el equilibrio del mercado petrolero se vio completamente alterado, pasando de un superávit de oferta al cierre de facto de un punto de tránsito por el que circula el 20% de la oferta mundial.

Marzo también se caracterizó por que el diferencial entre las dos principales referencias petroleras, el Brent y el WTI, alcanzó cifras sin precedentes: el 19 de marzo, esta brecha alcanzó los 20 USD. La divergencia reflejaba el hecho de que la producción de petróleo estadounidense no se ha visto afectada por el conflicto en Oriente Próximo, así como las diversas medidas aplicadas por la Casa Blanca. Sin embargo, la idea de que Estados Unidos era inmune a las secuelas del conflicto resultó falsa. El diferencial Brent-WTI se ha normalizado desde entonces, y esta mañana cotizaba en torno a los 2 o 3 USD.
Incursión breve, consecuencias duraderas
Donald Trump desea ahora claramente poner fin al conflicto en Irán, lo que ha permitido que los precios se estabilicen en torno a la cota de los 100 USD. No obstante, esto podría no ser suficiente para aliviar de forma duradera las presiones sobre los precios. De hecho, las hostilidades deben cesar entre las otras dos partes (Israel e Irán), y el estrecho de Ormuz debería reabrirse totalmente a la navegación.
En todo caso, aunque esto ocurriera mañana, harán falta semanas, si no meses, para recuperar la normalidad en las cadenas de suministro. La producción paralizada debe reactivarse, las infraestructuras repararse y la logística reorganizarse. Mientras tanto, las consecuencias de esta interrupción del suministro se harán cada día más concretas.
Además, Donald Trump ha sugerido que el estrecho de Ormuz ya no es su problema. Estados Unidos ha cumplido con su parte; los países que dependen de los hidrocarburos de Oriente Próximo tendrán que apañarse solos.
En condiciones normales, 20 millones de barriles diarios pasan por el estrecho de Ormuz. Según el especialista en petróleo de Bloomberg, Javier Blas, el uso de inventarios corporativos, las reservas estratégicas estatales y el desvío de algunos flujos a través del mar Rojo han absorbido el 60% de la pérdida, es decir, aproximadamente 12 millones de barriles diarios. Esto deja un déficit de 8 millones de barriles al día.
Por lo tanto, se espera que los precios sigan bajo presión a medida que este desequilibrio se filtre al mercado físico. En una entrevista con Bloomberg ayer, Michael Haigh, responsable de investigación de materias primas en Société Générale, señaló que el cierre del estrecho de Ormuz está empezando a manifestarse en forma de escasez. «El último buque que transporta combustible para aviones al Reino Unido llegará en 48 horas, y no habrá más después de eso», afirmó.
El precedente histórico muestra que el impacto de una convulsión petrolera en el mercado puede durar mucho más que el propio conflicto. Como en la Guerra de Yom Kippur de 1973, como mencionó otro columnista de Bloomberg, John Authers, el martes. En aquella ocasión, el S&P 500 alcanzó su máximo el día después del anuncio del alto el fuego el 25 de octubre de 1973. Sin embargo, el índice se desplomó después alrededor de un 40% durante los doce meses siguientes. El encarecimiento de la energía lastró con fuerza la economía mundial.
Cabe señalar, no obstante, que el aumento de los precios del petróleo en aquel momento fue de una magnitud diferente: un repunte del 277% en seis meses. Un movimiento equivalente hoy situaría al Brent en unos 275 USD.


























