En el segmento del automóvil, los volúmenes de venta han descendido un 8% en los nueve primeros meses del año, con un marcado deterioro en los segmentos de gama baja y vehículos eléctricos, que han bajado un 12% y un 13%, respectivamente.
La causa es, por supuesto, el mercado chino —un tercio del total de entregas de automóviles—, donde los volúmenes se desploman nada menos que un 18%. También bajan un 10% en Norteamérica, debido al efecto de los aranceles. Sorprendentemente, en Europa los volúmenes se mantienen más o menos estables.
La dinámica no es mejor en los segmentos de furgonetas y financiación. En consecuencia, el resultado operativo consolidado cae a 4.300 millones EUR, frente a los 10.400 millones del año pasado por estas fechas, mientras que el resultado neto se reduce a la mitad.
Es una suerte que el grupo mantenga un buen balance en esta difícil coyuntura en la que, por el momento, parece no haber salida. No obstante, ha reducido su dividendo y ha suspendido su plan de recompra de acciones durante los últimos nueve meses, aunque estaba previsto que se reanudara en noviembre, aunque de forma más contenida.
Afectado por los mismos problemas, BMW advirtió a principios de este mes que revisaría a la baja sus objetivos de beneficios para este año. Sus resultados, cuya publicación se espera el próximo 5 de noviembre, sin duda sufrirán un deterioro menos pronunciado que los de Mercedes-Benz.
Inmerso en su enésimo plan de reestructuración desde 2019, se estima que los beneficios del fabricante con sede en Stuttgart vuelvan en 2025 al nivel de hace quince años. Por lo tanto, no es de extrañar que su cotización bursátil también haya vuelto al nivel que tenía en aquella época, sobre todo teniendo en cuenta que, entretanto, el capital se ha mantenido dividido en un número más o menos equivalente de títulos.



















