La valoración bursátil de la empresa ha vuelto a alcanzar su récord a largo plazo de 20 veces los beneficios, por encima de la media de 15 veces y ya lejos del mínimo de 10 que ha alcanzado en tres ocasiones en el último decenio.
Dirigida por el prudente Simon Wolfson, Next, que prospera en el segmento más difícil —el de gama media— de un sector implacable, mantiene una estrategia de expansión muy calculada y sigue siendo una máquina de efectivo muy bien engrasada. Un año más, son las ventas por internet —en particular, las internacionales— las que impulsan el crecimiento. De forma notable, las ventas en tiendas continúan evolucionando en terreno positivo, aunque a un ritmo claramente inferior.
En consecuencia, la facturación y el beneficio antes de impuestos del grupo avanzan un 10,7% y un 13,7%, respectivamente. Cabe señalar que, en el juego de batir las expectativas de analistas y mercado, Next causa una fuerte impresión, en particular porque el último ejercicio fiscal tuvo 53 semanas y las previsiones se habían calculado para 52.
El año anterior, los gastos operativos ligados al desarrollo de las plataformas digitales y logísticas habían aumentado hasta el punto de que Next perdía 7 peniques de margen por cada libra de la facturación que se trasladaba del canal físico al digital. Esa compresión de márgenes parece haberse interrumpido en 2025.
La rentabilidad de Next, antaño muy superior a la de sus competidores, se resiente desde hace tiempo de un marcado deterioro. Aun así, se mantiene en la parte alta, en niveles comparables a los del primero de la clase, Inditex.
Hasta ahora, el grupo era un comprador compulsivo de sus propias acciones: uno de esos famosos «caníbales», término coloquial utilizado por los inversores para designar a las empresas adictas a las recompras. La estrategia le ha salido bien, pues el número de acciones en circulación se ha reducido a la mitad en veinte años. Como resultado, el beneficio por acción se ha multiplicado por seis, sin que la facturación siquiera se haya duplicado en ese período. Se constata, con alivio y satisfacción, que estas recompras de acciones han disminuido considerablemente a lo largo de los últimos doce meses en respuesta a la situación en máximos de los múltiplos de valoración.

















