Esta vieja ley del capitalismo se confirma una vez más con la danesa Novo Nordisk, pionera en tratamientos contra la obesidad y que hace unos meses seguía siendo la mayor capitalización bursátil de Europa.
El grupo farmacéutico está llegando al final de un auténtico annus horribilis. En el segmento de la lucha contra la obesidad, se ha visto superado por las estadounidenses Eli Lilly y Pfizer, que le arrebataron Metsera al final de un proceso de subasta frenético.
En el ámbito de la I+D, el grupo acaba de sufrir un revés con su potencial tratamiento para la enfermedad de Alzheimer —un área en la que, al parecer, ningún contendiente ha logrado triunfar—, mientras que su cartera de productos sigue excesivamente concentrado en variantes de la semaglutida.
En un contexto de crisis para el grupo, que ha visto reducirse a la mitad su cotización en 2025, se ha renovado la dirección de arriba abajo. Sin embargo, la elección de Mike Doustdar, una persona de la casa, no ha sido respaldada plenamente por los inversores. Estos habrían preferido a alguien de fuera —o sea, un perfil anglosajón—. Sin embargo, en un movimiento poco habitual en Dinamarca, Doustdar tomó posesión de su cargo e inmediatamente puso en marcha un plan de despidos.
Novo, que el año pasado generó 10.000 millones USD de beneficios en efectivo —para una capitalización bursátil de 200.000 millones—, está reorientando todos sus beneficios hacia el crecimiento externo.
En este contexto, los 9.000 millones USD devueltos a los accionistas el año pasado —dos tercios en dividendos, un tercio en recompra de acciones— se financiaron con un aumento de la deuda, que por el momento no compromete en absoluto la capitalización extremadamente sólida del grupo.
A primera vista, los métodos agresivos de Doustdar con Metsera demuestran que pretende seguir por este camino. Lo cual, por extensión, alimenta las dudas de los inversores sobre la profundidad de la oferta de productos de Novo.




















