El diagnóstico es claro. Si se analiza el tipo de cambio en el ámbito de los bienes manufacturados y comercializables —el indicador más relevante para la competitividad industrial—, el desfase entre las principales monedas asiáticas y su nivel de equilibrio frente al euro es muy significativo. A modo de referencia, el Fondo Monetario Internacional estimaba en febrero de 2026 que el yuan estaba infravalorado en torno a un 16% frente a una cesta de divisas, mientras que otras estimaciones elevaban esa cifra hasta el 25% a finales de 2025.

Figura: Sobre/infravaloración de las divisas frente al euro. Bienes intercambiables (cálculos y análisis del autor)
(brecha estimada frente a paridad de poder adquisitivo. Bienes intercambiables - mayo 2026)
Fuentes: FMI External Sector Report, BPI (REER amplio), OCDE PPP bienes intercambiables, índices Big Mac ajustados
Esta situación no es nueva, pero sí lo es el contexto. Durante años, la infravaloración del yuan no generó grandes desequilibrios mientras China se centraba en sectores de bajo valor añadido. Ahora, el país avanza rápidamente hacia segmentos de mayor sofisticación —energías renovables, baterías, vehículos eléctricos, maquinaria o biotecnología—, precisamente donde Europa era dominante. A esta evolución se suma la reacción de otros países asiáticos: Japón y Corea del Sur han permitido una fuerte depreciación de sus monedas desde 2020, del 40% en el caso del yen y del 30% para el won frente al euro. Esto ha devuelto una ventaja competitiva decisiva a sus grandes grupos industriales, en contraste con las empresas europeas. En paralelo, Estados Unidos ha optado por reforzar su proteccionismo para compensar el impacto de un dólar fuerte, lo que deja a Europa atrapada entre una Asia que devalúa y una América que se cierra.
La comparación con Suiza no desvirtúa este análisis. Aunque el franco suizo presenta una sobrevaloración de entre el 10% y el 15% frente al euro, su modelo no es extrapolable. Su fortaleza descansa en sectores aún protegidos, como la industria farmacéutica —respaldada por patentes—, el lujo o determinados nichos industriales donde la competencia china todavía es limitada. Aun así, no hay garantías de que estos bastiones se mantengan intactos a medio plazo, como ya ha ocurrido en parte del tejido industrial europeo.
La brecha de precios con China, que ronda de media el 40% y es incluso mayor en algunos sectores, se explica por varios factores. Aproximadamente la mitad responde a la infravaloración de la moneda china, a lo que se suma un diferencial de costes laborales cercano al 10%. A ello se añaden subvenciones públicas generalizadas, normativas medioambientales menos exigentes, economías de escala derivadas de un mercado de 1.300 millones de habitantes y un exceso estructural de capacidad productiva. En conjunto, cerca de dos tercios de esta diferencia de precios están vinculados directa o indirectamente a la política cambiaria.
Ante este escenario, Europa se enfrenta a la necesidad de revisar su enfoque. Mantener un marco diseñado para un contexto distinto limita su capacidad de reacción. Las opciones pasan por reforzar la protección en sectores estratégicos, impulsar el apoyo industrial a través del Banco Europeo de Inversiones y adaptar las prioridades de la política monetaria para incluir, junto a la estabilidad de precios, objetivos como la competitividad y el empleo, en línea con el mandato dual de la Reserva Federal. El verdadero desafío no reside en el cruce euro-dólar, cercano al equilibrio, sino en la pérdida de entre 20 y 45 puntos de competitividad frente a las divisas industriales asiáticas y en la falta de respuesta efectiva.
Una opinión de Stéphane Faure, presidente de Astyrian Patrimoine.



















