Tras meses pendiente de una posible desaceleración del mercado laboral, la atención de la Reserva Federal ha virado hacia la inflación.
El viernes, el informe de empleo de abril reflejó la creación de 115.000 puestos de trabajo. La cifra supera ampliamente los 65.000 previstos por los economistas. Es la primera vez en un año que la economía estadounidense encadena dos meses consecutivos de creación de empleo. El dato apunta en la misma dirección que las estadísticas publicadas en las últimas semanas: la economía de Estados Unidos mantiene un buen tono, el mercado laboral sigue sólido y la Reserva Federal puede centrarse en el otro elemento de su mandato, la inflación.
En 2025, la preocupación por la evolución del mercado llevó a la Fed a bajar los tipos de interés en tres ocasiones, en sus tres últimas reuniones del año. Ese proceso de relajación monetaria debía prolongarse en 2026, en un contexto en el que la institución confiaba en una moderación gradual de la inflación. La idea era que la inflación, excluido el efecto de los aranceles, se situaba cerca del 2%. Y, además, que esos aranceles tenían un efecto transitorio sobre los precios, por lo que su impacto sobre la inflación se diluiría con el tiempo.
Por eso había un amplio consenso en que el próximo movimiento sería una bajada de tipos y el debate giraba en torno al calendario de esos recortes. Pero ahora la cuestión ya no es cuándo bajarán los tipos, sino si será necesario volver a subirlos. La guerra en Irán ha disparado los precios de la energía y ha reactivado la inflación. En marzo, esta alcanzó el 3,3%, su nivel más alto desde marzo de 2024.
En su última reunión, la Fed mantuvo en su comunicado un sesgo acomodaticio, algo que sorprendió parcialmente al mercado. Aun así, la decisión estuvo marcada por cuatro votos discrepantes, tres de ellos precisamente por esta cuestión.
Con la inflación por encima del objetivo de la entidad supervisora desde hace ya cinco años, la guerra en Irán supone un nuevo shock de precios que la institución difícilmente puede ignorar. En principio, un shock energético es transitorio y los bancos centrales pueden optar por no reaccionar.
Pero cuando las crisis se encadenan y la inflación sigue demasiado alta, esos shocks dejan de poder pasarse por alto. El riesgo es que se desanclen las expectativas de inflación, a medida que empresas y consumidores se acostumbran a un entorno más inflacionista.
Ese riesgo fue subrayado por Christopher Waller en un discurso titulado «Un shock transitorio tras otro», pronunciado a mediados de abril. La advertencia resultó aún más significativa si se tiene en cuenta que Waller había sido uno de los defensores más firmes de las bajadas de tipos desde el inicio del ciclo de relajación monetaria en 2024.
En cualquier caso, el umbral para una subida de tipos de la Reserva Federal este año sigue pareciendo elevado, a diferencia de lo que ocurre con otros grandes bancos centrales, que podrían actuar ya en junio. Según la herramienta FedWatch de Chicago Mercantile Exchange, los inversores descuentan que los tipos se mantendrán sin cambios durante todo 2026.
La inflación volverá a centrar la atención esta semana, con la publicación en Estados Unidos del índice de precios de consumo el martes y del índice de precios de producción el miércoles. El consenso prevé un 3,7% para el índice de precios de consumo, lo que supondría el nivel más alto desde septiembre de 2023.




















