En efecto, Petrobras se había comprometido a distribuir entre 45.000 y 55.000 millones USD en dividendos durante los cinco próximos años, con margen además para distribuciones extraordinarias de 10.000 millones USD si las circunstancias lo permitían.

La combinación de esa noticia con una capitalización bursátil de 72.000 millones USD y un valor de empresa de 129.000 millones USD en aquel momento resultaba convincente. Más aun cuando la promesa parecía ampliamente sostenible, ya que durante el ciclo anterior, en el que una Petrobras todavía convaleciente se rehízo del mayor escándalo de corrupción de la historia, la empresa logró generar más de 20.000 millones USD de flujo de efectivo libre al año de media.

A este respecto, Petrobras alcanza ahora una capitalización bursátil de 113.000 millones USD y un valor de empresa de 178.000 millones USD. En relación con sus promesas de retribución, su valoración ha vuelto así al terreno de lo razonable.

La petrolera acaba de publicar sus resultados anuales. Sin sorpresas, el beneficio neto ha disminuido —la actualidad nos hace olvidar que el precio del barril se mantuvo bajo durante todo 2025—, pero por lo demás las noticias son muy buenas.

Así lo demuestra el coste medio de extracción en sus yacimientos en alta mar, que sigue siendo extremadamente bajo, así como el importante crecimiento de los volúmenes de producción, que pasan de 2,7 a 3 millones de barriles equivalentes al día.

En cuanto a los flujos de efectivo, tampoco hay sorpresas: asistimos a un pico de las inversiones, con 19.000 millones USD comprometidos en inmovilizado, frente a 12.000 millones USD en 2024 y 8.000 millones USD en 2022.

Conviene vigilarlo, pero este aumento no impide que la empresa genere un flujo de caja libre de 18.000 millones USD, que cubre con holgura su dividendo; conviene recordarlo al término de un año en el que el precio del crudo se mantuvo, en líneas generales, bajo.