Los indicadores alternativos serios: cuando el dato manda

Ciertas señales no convencionales se basan en datos tangibles, a veces incluso más reactivos que las estadísticas oficiales.

El cartón, termómetro discreto del consumo

Ya se trate de palets de transporte o de embalajes finales, entre el 75% y el 80% de los productos circulan envasados. El sector sigue una regla sencilla: su actividad es el reflejo exacto del volumen de mercancías intercambiadas. Si el consumo aumenta, la producción de embalajes se acelera. Esta correlación es tal que Alan Greenspan, exgobernador de la Fed, se basaba en los envíos de cartón ondulado para evaluar, en tiempo real, la salud económica del país.

Y la señal se ha deteriorado recientemente: en el segundo semestre de 2025, varios cierres de fábricas mermaron la producción estadounidense en aproximadamente un 9%. Pocos meses después llegó la ralentización económica. Los industriales, por su parte, ya habían integrado la caída de la demanda vinculada a las tensiones comerciales y los aranceles.

Los satélites, una macroeconomía vista desde el cielo

Las imágenes por satélite se han convertido en una herramienta de análisis por derecho propio.

El FMI ha demostrado que la intensidad luminosa nocturna está correlacionada con el crecimiento del PIB: cuanto más se desarrolla un territorio, más se ilumina. Por el contrario, las zonas en conflicto se oscurecen, como ilustran las imágenes de Ucrania antes y después de la guerra.

Nasa Black Marble Nighttime 15/2/2021 (arriba) – 21/3/2026 (abajo) del territorio ucraniano

A escala microeconómica, estos datos también permiten anticipar el comportamiento de las empresas. Ya en 2010, UBS analizaba los aparcamientos de Walmart para estimar la afluencia a las tiendas. Otros actores, como QuantCube, monitorizan hoy el tráfico marítimo o la producción agrícola mundial vía satélite.

Aquí nos encontramos claramente ante datos alternativos estructurados, explotados por profesionales.

Los indicadores más exóticos: entre la intuición y el relato

Junto a estos enfoques rigurosos, otros indicadores responden más a la observación empírica; a veces pertinente, a menudo cuestionable.

El índice de los rascacielos, símbolo de los excesos

Popularizado en 1999, este indicador defiende que la construcción de los rascacielos más altos coincide con el fin de los ciclos económicos. La idea: los proyectos más ambiciosos surgen en el pico de la euforia. Históricamente, varios récords de altura han precedido a las crisis. Pero la causalidad sigue siendo frágil; al final, se trata más de una coincidencia que de una herramienta predictiva.

Ropa interior y lápiz de labios: la psicología de los consumidores

Otra curiosidad popularizada por Greenspan: las ventas de ropa interior masculina. En períodos de tensión económica, estas compras se posponen, señalando una degradación de la moral de los hogares (¿y de la higiene?).

Comparación entre el índice de confianza de la Universidad de Michigan y los datos de Google Trends de la categoría «ropa interior masculina»

Por el contrario, el famoso índice del pintalabios sugiere que las ventas de cosméticos aumentan en períodos de crisis, ya que las consumidoras recurren a placeres accesibles. El origen se remonta a Leonard Lauder, hijo de Estée Lauder, quien observó que en situaciones de tensión financiera, las ventas de lápiz de labios tienden a aumentar. La cosmética actuaría como un sustituto asequible para acceder al lujo. Aunque lo critican mucho los economistas que cuestionan su fiabilidad, sigue siendo defendido por algunos profesionales del marketing.

Estos indicadores dicen algo sobre la psicología, no sobre el ciclo económico en sí. Su fiabilidad sigue siendo limitada y muy dependiente del contexto (la pandemia, por ejemplo, refutó totalmente la validez del índice del pintalabios).

El índice de la pizza o la geopolítica en versión a domicilio

Por último, no podemos olvidarnos del índice de la pizza. Alumbrado en los años noventa, se basa en una observación simple: la afluencia en las pizzerías situadas cerca del Pentágono. Un aumento de los pedidos señalaría una noche de crisis en preparación.

El índice funcionó recientemente, durante los ataques dirigidos a Irán.

Los datos procedentes de los satélites o de la logística forman parte de un análisis avanzado, cada vez más utilizado por los profesionales. Los indicadores más extravagantes (pizza, calzoncillos, pintalabios) son interesantes… pero sobre todo como ilustraciones de comportamiento. No sustituyen a los fundamentales. En el mejor de los casos, aportan una visión complementaria. En el peor, sirven para contar una buena historia a toro pasado.