El riesgo de sobrecalentamiento se ve en las estadísticas de ayer. El índice de precios industriales sorprendió al alza (3% frente a un consenso de 2,7%). Y, si se analiza el dato subyacente de este, avanzó un 3,5% interanual, su ritmo más alto desde marzo. Las ventas minoristas de noviembre también superaronn las expectativas (0,6% frente a 0,5%).

Justo antes de anunciarse esos datos, el economista jefe de Apollo, Torsten Slok, publicó un informe titulado Estanflación en 2025. Sobrecalentamiento en 2026, en la que enumera diez elementos que sostendrán el crecimiento de Estados Unidos en 2026. «Hay catalizadores importantes que deberían impulsar el crecimiento y la inflación en los próximos trimestres», concluye.

El punto de partida —que dista mucho de ser evidente, dado el relato de boom de la inversión vinculada a la IA— es que la economía estadounidense se ralentizó el año pasado. Tras un crecimiento del 2,9% en 2023 y del 2,8% en 2024, en 2025 debería rondar el 2%, según distintas estimaciones. Una cifra excepcional en comparación con Europa, pero que no deja de ser una desaceleración. La incertidumbre ligada a los aranceles, en particular, lastró el crecimiento en el primer semestre de 2025.

Que el crecimiento va a reacelerarse en 2026 es una idea con la que la mayoría de los economistas están de acuerdo. La pregunta es cuál será su magnitud y sus efectos sobre la inflación.

Dos elementos respaldarán especialmente la actividad. Primero, los gastos de inversión ligados a la IA. Ya ocurrió en 2025, pero la tendencia debe continuar este año. Así, los cinco grandes hiperescaladores —Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Oracle— invirtieron alrededor de 400.000 millones USD en 2025. En 2026, será más bien del orden de 500.000 millones, según distintas estimaciones.

El otro apoyo al crecimiento es la ley conocida como One Big Beautiful Bill, el plan de rebajas de impuestos de Trump aprobado por el Congreso el pasado julio. Por último, se puede añadir un elemento de calendario: las elecciones de mitad de mandato, en noviembre; una cita que alentará a la Administración de Trump a recurrir de nuevo a los estímulos fiscales para no perder su mayoría en el Congreso.

En los últimos años, lo que más preocupaba a los inversores era una desaceleración de la economía estadounidense, como ocurrió en la pasada primavera, con la imposición de los llamados aranceles recíprocos por parte de Trump. Este año, el riesgo de sobrecalentamiento es, efectivamente, el más importante.

De hecho, el crecimiento ya ha repuntado tras la desaceleración del primer semestre de 2025. En el tercer trimestre, el PIB avanzó un 4,3%. Para el cuarto trimestre —la estadística se publicará a finales de mes—, el modelo de la Fed de Atlanta prevé incluso… ¡un 5,1%! Todo el mundo sigue esta referencia, pero conviene ser prudente con la estimación.

Para los mercados financieros, este escenario siempre es un arma de doble filo. Una reaceleración del crecimiento es positiva para los beneficios empresariales (que sigue siendo el principal motor de los índices). Pero si la consecuencia es una reaceleración de la inflación, eso impedirá que la Fed vuelva a bajar los tipos. Menos bajadas de tipos (o incluso subidas en el peor de los casos) es, en cambio, negativo para las valoraciones bursátiles.

Por ahora, si atendemos a la inflación de los últimos meses, lo que ha habido es una tendencia a la desinflación. El temor a que los aranceles reavivaran las alzas de los precios no se ha materializado.

En el fondo, el escenario ideal para los mercados sería un crecimiento más fuerte sin inflación. Un entorno tipo años noventa, en el que el crecimiento está impulsado por la inversión, que a su vez genera ganancias de productividad. Y, en última instancia, la inflación se mantiene bajo control.