Según un análisis del Wall Street Journal, en Polymarket más del 70% de los usuarios pierde dinero. Las pérdidas suelen ser modestas para el usuario medio —entre 1 y 100 USD—, pero son mucho más abultadas para los menos acertados: el 10% que más pierde registra una pérdida media de unos 4.000 USD por persona. En Kalshi se repite el mismo desequilibrio: según la plataforma, hay 2,9 usuarios con pérdidas por cada usuario con ganancias.

Otro dato revelador: el 67% de los beneficios de Polymarket queda en manos de solo el 0,1% de las cuentas. En otras palabras, menos de 2.000 cuentas habrían acumulado cerca de 500 millones USD en beneficios, sobre una muestra de 1,6 millones de cuentas activas desde noviembre de 2022, mientras que la plataforma sumaría al menos 2,3 millones de cuentas en total.

Abanderados de la democratización de las «finanzas ligadas a acontecimientos», los mercados predictivos se parecen en realidad más a una arena en la que los aficionados aportan liquidez y los profesionales se quedan con los márgenes.

Y es que los mercados predictivos ya no son una curiosidad del universo de los criptoactivos ni un terreno de juego para apasionados de la política estadounidense. Hoy forman un mercado de gran tamaño, líquido y muy mediatizado, impulsado por las redes sociales, las personas influyentes, los apostantes deportivos, los operadores de criptoactivos, los curiosos de la actualidad y las firmas cuantitativas. En abril, el volumen acumulado de negociación en Kalshi y Polymarket alcanzó 24.200 millones USD, frente a 1.800 millones USD un año antes.

Volúmenes en Kalshi y Polymarket
token terminal

¿Sigues la política? Apuesta por las elecciones.
¿Te gusta el deporte? Apuesta por los partidos.
¿Conoces los mercados? Apuesta por los tipos de interés, la inflación o el bitcoin.
¿Ves programas de televisión? Apuesta por las palabras que se pronunciarán en antena.
¿Entiendes de virus? Apuesta por el hantavirus.

La investigación del Wall Street Journal revela que los profesionales de estos mercados no actúan precisamente con sutileza. Gracias al uso masivo de flujos de datos de proveedores externos, agentes de inteligencia artificial y algoritmos para anticipar las oscilaciones de precios y gestionar el riesgo más rápido que cualquier ser humano, estos operadores de nueva generación pueden llegar a ejecutar hasta 60 operaciones por minuto y modificar sus órdenes 30 veces por segundo.

En el otro lado está el usuario medio, que pulsa «sí» porque cree que un acontecimiento va a producirse. El segmento más revelador es el de los «mercados de menciones».

La trampa de los 'mercados de menciones'

El principio es simple: apostar a que una personalidad pública pronunciará o no una palabra concreta durante una aparición pública.

¿Dirá un presidente «cártel»?
¿Dirá un candidato «inflación»?
¿Dirá un famoso «rapero»?
¿Pronunciará un dirigente político «resiliencia» en un discurso?

A primera vista, estas apuestas parecen entretenidas, accesibles, casi lúdicas. No hace falta ser economista, estadístico ni operador de alta frecuencia. Basta con ver un programa, conocer a un personaje público y dejarse llevar por una intuición. Pero los datos muestran que estos mercados figuran entre los más engañosos.

En febrero, los usuarios de Kalshi apostaron cerca de 181 millones USD en mercados de menciones. Solo en el discurso sobre el estado de la Unión, se movilizaron más de 28 millones USD sobre la posibilidad de que Donald Trump pronunciara palabras como «cártel», «somalí» u «hockey». El volumen se dispara. Pero la rentabilidad de los aficionados, en cambio, se desploma.

En un análisis de más de 35.000 mercados de menciones ya concluidos en Kalshi, los contratos de «sí» valorados con una probabilidad del 50% acaban pagando en realidad solo alrededor del 40% de las veces. Dicho de otro modo, los usuarios pagan demasiado por acontecimientos cuya probabilidad sobrestiman. De media, los operadores que apuestan por el «sí» al primer precio mostrado —un comportamiento típico del inversor particular— pierden un 11% de su apuesta.

El sesgo de las apuestas improbables

Este fenómeno tiene nombre: el «sesgo de las apuestas improbables». Los apostantes sobrevaloran los acontecimientos poco probables. Cuanto más espectacular parece la ganancia potencial, más tiende el cerebro a otorgar un peso excesivo a la hipótesis rara. Un contrato con baja probabilidad puede parecer atractivo porque promete mucho. Pero si su precio está inflado de forma sistemática, se convierte en una trampa. Eso es exactamente lo que sucede en los mercados de menciones.

El usuario ve una apuesta por unos pocos céntimos. Se dice: «¿Por qué no? Esa palabra podría salir». Imagina el escenario ganador. Piensa en el potencial de multiplicación. Infravalora la probabilidad real de perder. Y, sobre todo, no siempre percibe que el precio ya incorpora un margen desfavorable.

Una frontera difusa con el juego

Las plataformas insisten en que no son casinos. Se presentan como mercados financieros, a veces regulados y a veces comparables a los contratos de futuros o a las opciones. En Estados Unidos, Kalshi y la división estadounidense de Polymarket están bajo el marco de la Comisión de Negociación de Futuros sobre Materias Primas. Eso no impide que surjan casos atípicos. Por ejemplo, el regulador levantó el anonimato en el primer caso histórico de uso de información privilegiada: un soldado estadounidense fue acusado en abril de 2026 de apostar sobre el desenlace de una operación militar venezolana secreta y embolsarse 404.000 USD en beneficios ilícitos. La justicia federal ha abierto contra él procedimientos civiles y penales en paralelo. En las capitales, los legisladores estudian proyectos de ley muy duros para prohibir determinadas apuestas relacionadas con la guerra o con la política.

Por su parte, quienes defienden una visión más optimista recuerdan que estos mercados no son casinos. Varios trabajos del Consejo de la Reserva Federal sostienen que aportan indicadores económicos más reactivos que los métodos tradicionales. Tras poner a prueba la plataforma Kalshi, los economistas de la Reserva Federal constataron incluso que anticipa la inflación mejor que el consenso de Bloomberg y que sus previsiones la víspera de las decisiones de la Reserva Federal fueron impecables, por encima de los contratos de futuros tradicionales. A su juicio, Kalshi sería un valioso indicador de «alta frecuencia» para investigadores y responsables públicos.

En última instancia, los mercados predictivos no son ni enteramente casinos ni simples herramientas de previsión: son ambas cosas a la vez, según cómo se utilicen.