Desde el 1 de enero, la reina de los criptoactivos acumula pérdidas del 17%. Y para el resto los resultados son aún peores: Ether, -27%; Solana, -26%; Binance Coin, -19%, o XRP también en -19%.

El bitcoin cayó este jueves a su nivel más bajo desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca hace algo más de un año, al situarse de nuevo por debajo de los 70.000 USD, después de haber tocado los 126.000 USD el pasado octubre.

Para entenderlo bien, conviene tomar algo de perspectiva. Esta caída se explica por mecanismos ya observados en varias ocasiones en los últimos años en las criptomonedas. El bitcoin y, en general, todo el mercado de criptoactivos es históricamente muy sensible al contexto macroeconómico.

Cuando el entorno es favorable —tipos de interés bajos, ausencia de tensiones geopolíticas y mercados financieros tradicionales tranquilos—, el bitcoin se dispara. Se habla entonces de un contexto de «apetito por el riesgo». Es decir, en este tipo de períodos los inversores se posicionan más en activos considerados «de riesgo», o sea, los más volátiles, como las criptomonedas.

Masa monetaria x Bitcoin
MacroMicro

Pero desde hace algún tiempo ha reaparecido la aversión al riesgo. El inicio de la caída del bitcoin (desde su máximo de 126.000 USD de octubre de 2025) tuvo lugar en plena escalada diplomática entre Estados Unidos y China. A comienzos de octubre, Pekín anunció controles estrictos sobre las exportaciones de tierras raras, como respuesta a las nuevas amenazas arancelarias de Washington. El 10 de octubre, el temor a una guerra comercial entre las dos superpotencias provocó un desplome relámpago en los mercados mundiales: el Nasdaq 100 —barómetro de la tecnología estadounidense— cayó un 3,56% en una sola sesión, su peor rentabilidad desde la primavera, mientras que el bitcoin, muy correlacionado con los valores tecnológicos, se tambaleaba con fuerza a su estela. De hecho, nunca llegó a recuperarse.

La onda de choque se llevó por delante al conjunto de los activos de riesgo: la capitalización de las criptomonedas se redujo en torno a 400.000 millones USD en 24 horas, un récord histórico, por el efecto de una cascada de liquidaciones de posiciones apalancadas. Ese mismo día, en Wall Street se evaporaron 2 billones USD en acciones estadounidenses, señal de la magnitud del pánico.

Las turbulencias de octubre se vieron agravadas por un contexto económico y monetario incierto. En Estados Unidos, la parálisis presupuestaria (cierre de la Administración) interrumpió durante más de 40 días la publicación de los indicadores macroeconómicos oficiales, obligando a los inversores y al banco central a avanzar a ciegas en una niebla estadística. Al mismo tiempo, la inflación de Estados Unidos volvió a acelerarse a final de año y las valoraciones bursátiles estratosféricas de los campeones de la inteligencia artificial alimentaron el temor a una burbuja especulativa. Temores que siguen siendo palpables a comienzos de 2026. En general, los inversores encuadran las criptomonedas y las acciones tecnológicas en la misma categoría de «riesgo». En otras palabras, cuando la tecnología se tambalea, el bitcoin cae con un efecto amplificador, a veces multiplicado por 2 veces, e incluso por 3 veces.

En lo que respecta a los ETF de bitcoin al contado, que contribuyeron en gran medida a sostener la cotización del bitcoin desde su lanzamiento en 2024, la cosa tampoco pinta bien. El patrimonio total de estos productos bursátiles ha pasado de 169.500 millones USD el pasado octubre a 93.500 millones USD hoy. Más de 75.000 millones USD se han evaporado de estos fondos cotizados referenciados al bitcoin. Esto refleja un violento giro hacia la seguridad por parte de los inversores institucionales.

Flujos en los ETF Bitcoin Spot
SoSo Value

Las empresas expuestas a los criptoactivos, las especializadas, tampoco se han librado de la tendencia. En bolsa, los valores del sector se han desplomado a rebufo del desplome, como muestra la acción de Coinbase, principal plataforma estadounidense de intercambio cotizada, que ha caído un 32% desde el 1 de enero (-50% desde octubre), mientras que la sociedad de inversión Strategy —conocida por su tesorería en bitcoins— ha visto retroceder su acción un 26% en ese periodo (-60% desde octubre).

Este brusco cambio de trayectoria llega después de dos años de euforia casi ininterrumpida en los criptoactivos. Desde comienzos de 2023 hasta el otoño de 2025, la cotización del bitcoin se multiplicó casi por 6, impulsada por un entusiasmo sin precedentes de inversores particulares e institucionales.

Varios factores alimentaron ese ascenso espectacular. Por un lado, las nuevas regulaciones en Estados Unidos se anunciaban más favorables a los criptoactivos —el presidente electo Donald Trump había prometido convertir a Estados Unidos en la «criptocapital» del mundo, al tiempo que nombraba a figuras favorables al bitcoin en puestos clave—, lo que reforzó la confianza del mercado. Por otro lado, el apetito de los inversores institucionales desempeñó un papel decisivo: la aprobación, a comienzos de 2024, de varios fondos cotizados en bolsa de bitcoin al contado en Estados Unidos abrió la puerta a flujos masivos de capital hacia el sector.

El entorno macroeconómico también jugó a favor de los criptoactivos durante esa fase alcista. Tras un difícil 2022, la Reserva Federal acabó bajando los tipos a partir de 2024, a medida que la inflación se moderaba.

Además, algunos relatos favorables —como la escasez programada del criptoactivo (reducción a la mitad de abril de 2024) y el atractivo, pasajero, de la descorrelación respecto a los mercados tradicionales— convencieron a nuevos participantes para posicionarse en el bitcoin como si fuera una reserva de valor alternativa.

En términos más amplios, esta crisis enseña una lección clave en el ecosistema de los criptoactivos. Por un lado, ha subrayado la creciente dependencia de las criptomonedas respecto a las condiciones macroeconómicas globales. A diferencia del invierno cripto de 2022 (precipitado por escándalos internos como FTX o Terra/Luna), la debacle de 2025, que continúa en 2026, no se origina en un fallo propio del sector: ninguna gran estafa ni quiebra de plataforma explican la caída. De hecho, en la red de bitcoin no hay ningún incidente, ningún parón, ningún «error» técnico que justifique el descenso de las cotizaciones. Los bloques siguen validándose cada diez minutos, la potencia de cálculo se mantiene cerca de sus máximos históricos y las transacciones se registran con la misma regularidad que en períodos de euforia.

Han sido factores externos —política monetaria, tensiones geopolíticas, sentimiento bursátil— los que han dictado la tendencia. O sea, el bitcoin se ha comportado como un activo de riesgo más, sensible a los mismos temores que el Nasdaq o las acciones tecnológicas.

Por otro lado, la crisis ha servido de prueba a escala real para las nuevas infraestructuras del criptomercado, con resultados tranquilizadores. Los ETF de bitcoin, por ejemplo, han cumplido su función sin sobresaltos importantes: pese a los reembolsos masivos, estos fondos han podido atender las retiradas de sus clientes de forma fluida, gracias al mecanismo de los participantes autorizados, que absorbió las ventas sin provocar desajustes. No se ha registrado ningún cierre forzoso ni suspensión prolongada en estos instrumentos, prueba de la madurez que ha adquirido la industria.

Para los inversores y las empresas del sector, se impone la prudencia. Los más optimistas señalan que esta purga del exceso especulativo era probablemente necesaria para retomar una senda más sana: las manos débiles han capitulado y las posiciones apalancadas se han eliminado. Como prueba, los niveles de ventas en la red de bitcoin de los últimos días no se habían visto desde 2023. El 23 de enero se registraron más de 4.600 millones USD de pérdidas, y más de 6.000 millones USD en los tres últimos días

Pérdidas realizadas en Bitcoin
Glassnode

Por último, se trata menos de un cuestionamiento estructural que de un movimiento clásico de mercado, en el que la búsqueda de seguridad prima sobre la convicción a largo plazo. Al tomar perspectiva, la lectura cambia por completo: pese a las sacudidas actuales, el bitcoin aún acumula un avance de en torno al 220% en tres años, frente al 67% del índice S&P 500.

Desde hace quince años, el bitcoin alterna fuertes fases de caída y de subida, pero sigue siendo, por ahora, el activo más rentable de la historia: ha pasado de unos pocos centavos en 2010 a 68.000 USD hoy.


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