La marca tenía grandes ambiciones en el sector eléctrico. Sin embargo, ante las condiciones actuales del mercado, se ha visto obligada a revisar su estrategia y ajustar su oferta. Los modelos con motor térmico y las versiones híbridas seguirán figurando en el catálogo, al menos hasta la próxima década.
Recordemos que la Unión Europea ha aprobado una ley que establece que, a partir de 2035, solo se podrán vender vehículos ligeros nuevos (turismos y utilitarios) que no emitan dióxido de carbono. Ante esta perspectiva, Porsche había decidido acelerar su apuesta por los vehículos totalmente eléctricos, pero la coyuntura económica está afectando hoy a la marca.
En primer lugar, el mercado de los vehículos eléctricos se está ralentizando: los costes siguen siendo elevados en general (baterías, precio de compra), la red de recarga sigue siendo limitada y las subvenciones están disminuyendo. En segundo lugar, la presión competitiva se intensifica con la ofensiva de los fabricantes chinos, que ganan terreno gracias a sus modelos económicos, en detrimento de las marcas europeas. Por último, los aranceles a la importación impuestos por la Administración estadounidense deberían limitar el crecimiento de la enseña alemana en Norteamérica, que es la principal región de actividad (un tercio de la facturación), muy por delante de Europa.
Esto explica por qué la marca está obligada a mantener una oferta diversificada con motores térmicos. Por otra parte, no es el primer cambio estratégico de Porsche: el año pasado, el fabricante ya revisó a la baja sus ambiciones eléctricas. Y, más recientemente, ha anunciado la supresión de cerca de 4.000 puestos de trabajo hasta 2029 con el fin de recuperar la eficiencia y partir de una base saneada.
Para muchos analistas, estos anuncios tienen una ventaja: aportan objetivos y una hoja de ruta más realistas, liberando así al grupo alemán de la presión que supone mantener unas expectativas insostenibles para los próximos trimestres. Los inversores que conocen bien el tema saben desde hace meses que el mercado actual no permite a la marca abordar los próximos años con una lógica plenamente eléctrica.
A pesar de caer en bolsa (la acción se ha dividido por tres desde mayo de 2023), Porsche mantiene una valoración claramente superior a la de sus homólogos alemanes. El fabricante sigue cotizando a 26 veces los beneficios previstos para este año, frente a apenas 9 veces en el caso de Mercedes y aún menos en el de BMW. Por lo tanto, el mercado sigue tratando a Porsche como un actor del sector del lujo, aunque las dificultades actuales invitan a relativizar tal condición. De hecho, su rentabilidad ya no es la de una marca de gama alta, sus márgenes siguen siendo bajos en comparación con los promedios del sector del lujo y la reorganización de su cartera provocará importantes depreciaciones y un efecto negativo en los beneficios. Lo que queda de ejercicio 2025 se presenta, pues, delicado, sobre todo porque Porsche abandona el índice DAX para incorporarse al de valores intermedios, el MDAX.
A raíz de estos anuncios, Porsche cae casi un 8%. Volkswagen, que sigue ostentando tres cuartas partes del capital de la marca, también sufre una fuerte caída. Un nuevo revés que eleva la tensión en una industria automovilística europea que ya se encuentra en plena crisis.



















