Sobresaltos no han faltado en estos tres primeros meses. A la guerra en Irán, la disputa de Groenlandia y los últimos giros en torno a los aranceles impulsados por Donald Trump se suman las tensiones en el crédito privado y las rotaciones constantes provocadas por las perturbaciones de la inteligencia artificial (IA)
Pese a ese entorno, las bolsas europeas demostraron una notable capacidad de resistencia durante los dos primeros meses del año, con ganancias superiores al 3% tanto en enero como en febrero. En esos meses Europa actuó como refugio, respaldada por valores sólidos, mientras los mercados parecían entregados a una suerte de caza de brujas contra los potenciales perdedores de la nueva ola de la IA.
Al cierre de febrero, el Stoxx 600 encadenaba su octavo mes consecutivo al alza, la racha más larga desde el período 2012-2013. El arranque del año, por tanto, invitaba al optimismo. Pero la guerra en Irán lo cambió todo y marzo se convirtió en el mes más cruento para las bolsas europeas desde 2022, lo que ha dejado la rentabilidad de 2026 en niveles prácticamente planos.
Conviene subrayar también el mal comportamiento de los gigantes bursátiles en lo que va de año. Entre las empresas con una capitalización superior a 100.000 millones EUR, las decepciones se multiplican: EssilorLuxottica se deja un 30%, SAP otro 30%, LVMH cede un 27%, Hermès un 20% y Prosus un 25%. En conjunto, las citadas han visto evaporarse 267.000 millones EUR de capitalización.
Entre los ganadores sobresale ASML, cuya capitalización ya roza el doble de la de su inmediata perseguidora, LVMH, tras una trayectoria extraordinaria desde la vuelta de septiembre y con una valoración de nuevo en máximos desde 2021.
Los valores energéticos figuran asimismo entre los grandes vencedores del trimestre, con avances del 52% en Eni y del 43% en TotalEnergies, que se acerca al podio de las mayores capitalizadas de Europa. Menos directamente vinculada al conflicto en Oriente Próximo, Siemens Energy también merece una mención aparte por su disparada valoración gracias a los negocios de gas, impulsados por el aumento de la demanda eléctrica.
Estas compañías desempeñan un papel decisivo. En el primer trimestre, se prevé que los beneficios de las empresas europeas aumenten un 4%. Sin el sector energético, ese crecimiento se reduciría al 1,5%, según Reuters.
Como recordaba nuestro colega Antoine a comienzos de año, los tres últimos años de subidas en las bolsas europeas se han producido sin un aumento de los beneficios. Por tanto, un avance más duradero tendrá probablemente que apoyarse en una mejora de los resultados empresariales.
El contexto actual, no obstante, podría jugar a favor del mercado europeo. La política de Donald Trump ha reavivado las ambiciones de autonomía estratégica y de competitividad de los países europeos, ahora situados ante sus propias responsabilidades. Además, las incertidumbres ligadas a la rápida evolución de la inteligencia artificial también hacen que los mercados europeos resulten tranquilizadores en muchos sentidos.
Por último, el desenlace de la guerra en Oriente Próximo dirá mucho sobre lo que cabe esperar del resto del año, sobre todo si el choque energético termina trasladándose de forma duradera a la inflación.




















