Un caso bien conocido es la relación entre el universo tecnológico y el S&P 500. Las llamadas Siete Magníficas representan por sí solas más de un tercio de las variaciones del índice. Por detrás, el sector financiero pesa un 12%. Fue la tecnología la que permitió al índice recuperarse rápidamente tras la corrección del pasado mes de abril. Pero en octubre, cuando los inversores solo tenían ojos para la inteligencia artificial, volvió a ponerse sobre la mesa la cuestión de la concentración del mercado estadounidense. Los más prudentes temían que el peso del sector tecnológico regresara a niveles comparables a los de la burbuja de internet. La gran diferencia, sin embargo, es que la contribución de estas empresas a los beneficios nada tiene que ver con la de aquella época.
Aun así, invertir en un índice es menos pasivo de lo que algunos creen. Hacer aportaciones periódicas al MSCI World y echar un vistazo de vez en cuando a la cartera puede asemejarse a un enfoque pasivo. En cambio, escoger un índice en lugar de otro responde a una verdadera decisión de inversión. Apostar por un mejor comportamiento de las pequeñas y medianas capitalizaciones puede llevar, por ejemplo, al Russell 2000 o al S&P 500 de igual ponderación. Del mismo modo, también se elige un índice nacional en función de las empresas que lo dominan.
A veces no se trata de un sector entero, sino de unas pocas empresas, o incluso de una sola. En el KOSPI surcoreano, dos compañías concentran por sí solas más de un tercio de la ponderación: Samsung Electronics y SK Hynix. Además, ocupan una posición muy similar, la de campeonas de los chips de memoria, que se han vuelto imprescindibles para la revolución de la inteligencia artificial. Desde el verano pasado, sus cotizaciones se han disparado por una demanda insaciable y una capacidad de fijación de precios cada vez mayor. Eso bastó para convertir al KOSPI en 2025 en el índice con mejor comportamiento entre los grandes índices nacionales.
En Francia, aunque Schneider Electric se ha convertido recientemente en el principal componente del CAC 40, son, como es lógico, los gigantes del lujo los que siguen marcando el comportamiento del índice. Si se suman las ponderaciones de L’Oréal (5%), Hermès (3,4%), LVMH (7%) y Kering (1%), se obtiene un peso total del 16,4%. Hace algunos años, esta dinámica era aún más intensa, pues su peso rondaba el 40%, impulsado por el ciclo excepcional que vivió el sector.
En Dinamarca, el fenómeno es aún más visible con Novo Nordisk y su peso del 17%. Muy por delante del resto de las empresas del índice OMX Copenhagen, la compañía ha desempeñado incluso un papel central en el crecimiento económico del país y en la creación de empleo, especialmente en 2022 y 2023. Pero el entusiasmo en torno a la farmacéutica se ha apagado después de haber dejado escapar la oportunidad de dominar el inmenso mercado estadounidense. Desde el verano de 2024, los gráficos de Novo Nordisk y del índice ilustran perfectamente ese cambio de tendencia.
En esta misma categoría del «un gigante y el resto», el índice taiwanés sigue siendo el campeón. TSMC, la principal fundición mundial de semiconductores, pesa un 64%, mientras que el segundo valor del índice apenas representa un 4%. Por eso, muchos grandes índices imponen un límite a la ponderación de un valor o de un sector para evitar este tipo de desequilibrios, que acentúan mecánicamente la volatilidad.
En el sector farmacéutico destaca el índice de Bélgica. Una cuarta parte del Bel 20 depende por sí sola de UCB y Argenx. Este índice ilustra bien la brecha que puede existir entre capitalización bursátil y capital flotante. Cuatro empresas dominan ampliamente el resto del índice en términos de capitalización, pero el mayor cervecero del mundo, AB InBev, dista mucho de ser el peso pesado del índice, con una ponderación del 10%, frente al 7,5%, por ejemplo, de la aseguradora Ageas.

Las dos farmacéuticas han disfrutado de valoraciones sólidas gracias a su buen comportamiento bursátil en los dos últimos años, lo que, de rebote, ha sostenido al selectivo belga, que acumula una subida del 40% en dos años.
Si hubiera que citar dos sectores especialmente rentables en Europa el año pasado, probablemente serían defensa y banca. Si el FTSE MIB, el índice italiano, avanzó un 31% en 2025, fue en parte gracias a la fuerte presencia de los bancos en su composición. Aproximadamente un tercio de la ponderación del índice corresponde al sector bancario. De hecho, entre las cuarenta empresas que lo integran figuran seis bancos.
Este desequilibrio es recurrente en los índices, y conviene tener presentes estas particularidades antes de tomar posiciones. En función de las propias convicciones, a veces puede resultar pertinente fijarse en fondos cotizados de igual ponderación.




















