Las conversaciones entre ambas partes se habrían reanudado un año después de un primer intento que quedó en nada. Combinados, los dos grupos, respectivamente el segundo y sexto mayores del mundo en minería, exhibirían un valor empresarial de 263.000 millones USD.
Estas conversaciones tienen lugar mientras el precio del cobre se sitúa en máximos, en un contexto de escasez que, para algunos análisis, se prolongará durante más de una década, dada la falta de nuevos grandes yacimientos explorados y desarrollados. Dicho esto, pese al espectacular incremento del precio del cobre desde la pandemia, desde MarketScreener queremos destacar que, ajustado por la inflación, en esencia es exactamente igual al nivel que mostraba hace quince años.
Podría decirse lo mismo de las cotizaciones de Rio Tinto y Glencore. Si se considera este período largo, la acción de la suiza registra una rentabilidad aún más mediocre, además de distribuciones de dividendos tan modestas como erráticas. Rio Tinto ha rendido mejor en ese apartado, con un historial de rentabilidad y retorno mucho más brillante que el de Glencore, a menudo descrita como el «hedge fund del sector minero», es decir, como un vehículo concebido más para enriquecer a sus directivos que a sus accionistas.
Un acercamiento con la australiana BHP o con su compatriota Anglo American, que finalmente se fusionó con Teck Resources en un extraño matrimonio de engañados, posiblemente habría tenido más sentido.
Diseñada en la parte alta del ciclo y en un momento de efervescencia, existe el riesgo de que la fusión de Rio Tinto y Glencore, que daría lugar al número uno del sector minero, plantee serios problemas de integración tanto de carácter cultural como operativo desde ambos grupos.


















