Los del tercer trimestre del año fiscal, publicados ayer, son bastante tranquilizadores, aunque no disipan las preocupaciones a largo plazo. En los primeros nueve meses del año, la facturación alcanzó los 30.200 millones USD, frente a los 27.000 millones del año pasado en la misma época; y el beneficio de explotación alcanzó los 17.100 millones USD, frente a los 16.100 millones del año pasado.

Las ganancias se destinan íntegramente a la recompra de acciones, que también aumentan en 1.000 millones USD con respecto al mismo período del año pasado.

Esta asignación de recursos tiene mucho sentido. Como señalábamos en nuestro anterior comentario sobre los resultados, la valoración del grupo dirigido por Marc Benioff evoluciona en sus múltiplos más bajos.

Si bien Salesforce sigue siendo en todos los aspectos una máquina de generar dinero, los inversores siguen percibiéndola como una posible perdedora en la era de la inteligencia artificial. Se podría señalar que lo contrario también es posible, pero ahora hay que demostrarlo.

Por otra parte, es imposible no preocuparse por la reducción sostenida de la tasa de crecimiento. Desde el año pasado, esta se sitúa en un solo dígito (8,6% en 2025), frente al 30% que rondaba hace cinco años. Por lo tanto, tendría sentido un ajuste del múltiplo de valoración.

Sin embargo, la comparación no es necesariamente válida. Salesforce ha duplicado su tamaño mientras tanto, y sus beneficios operativos se han multiplicado por dieciséis. El grupo ha demostrado así al mercado que sus márgenes, antes muy reducidos, podían aumentar: la consecuencia, tal vez, sea un desarrollo comercial menos rápido.