La buena noticia es que, bajo la dirección del sereno y talentoso Thierry Léger, procedente de Swiss Re, Scor parece haber pasado página de la catastrófica era Kessler. Fallecido en 2023, Kessler —que durante sus dos décadas de mandato vulneró de forma flagrante todos los principios de ética y buen gobierno, granjeándose además las iras de un grupo de accionistas activista— ya no podrá, por desgracia, responder ante la justicia por sus asociaciones ilícitas con Jean-Claude Seys, en pleno drama Scor-Covéa.

Todo eso es cosa del pasado. Pese al descenso de los volúmenes y a que el negocio de vida no termina de arrancar, Scor ha firmado su mejor ejercicio en veinte años, con un beneficio por acción de 4,7 EUR y una rentabilidad sobre el capital del 19%. El reasegurador puede así elevar su «sacro santo» dividendo hasta 1,9 EUR por acción, frente a los 1,8 EUR el año pasado.

Scor anticipa, con una transparencia muy de agradecer, una rentabilidad en claro retroceso para 2026, algo inevitable tras una auténtica etapa de euforia en el sector de los reaseguros. Los accionistas valorarán, además, la gestión pragmática de Thierry Léger, que se ha rodeado de figuras respetadas y que logra pilotar una reducción de la estructura de costes del grupo en un contexto, sin embargo, marcadamente inflacionista.

Dicho esto, y hablando de inflación, el reasegurador francés será ahora examinado con lupa en materia de crecimiento porque, en diez años y a euros constantes, su dividendo apenas ha evolucionado, mientras que su capital ha disminuido en una cuarta parte.

El mercado ha revalorizado Scor a un múltiplo superior al valor de su capital —cuando la empresa cotizaba con descuento estructural durante la era Kessler— y con una rentabilidad por dividendo saneada. Aun así, sigue lejos de recibir las mismas preferencias que Hannover Re o Munich Re, entre otros.

Recuperar el control era un desafío de envergadura y ya se ha logrado. Retomar la senda del crecimiento será otro reto, no menos colosal, y es ahí donde ahora toca acelerar. A menos, claro está, que Scor ceda a los cantos de sirena de un posible comprador, algo que probablemente no estaría exento de turbulencias…