En cinco años, Wall Street ha pasado por todos los estados de ánimo: la euforia especulativa de 2021, el desplome de 2022 y, después, tres años de reconstrucción. El primer síntoma de recuperación llegó en 2024, con 150 salidas a bolsa en Estados Unidos y 29.600 millones USD captados, según Renaissance Capital. Hubo, sin embargo, una señal preocupante: ya en la primera sesión, el 42% de esas empresas cotizaba por debajo del precio de colocación.

El año 2025 confirmó la mejora en volumen, con 202 salidas a bolsa y 44.000 millones USD captados, el mejor balance en cuatro años. Para los inversores, en cambio, el resultado siguió siendo discreto: de media, los estrenos bursátiles de 2025 apenas avanzaron un 2% respecto a su precio de salida.

Fuente: Renaissance Capital

La debilidad relativa se aprecia con claridad al observar el ETF Renaissance IPO US, que mantiene las nuevas cotizadas durante tres años: en 2024, el índice subió un 15,7%, frente al 24% del S&P 500. En 2025, apenas ganó un 5%, muy lejos del 16% del S&P 500.

Es en este contexto ambiguo en el que SpaceX se estrena este viernes en el mercado, con una valoración récord de 1,75 billones USD. Pero antes de dejarse llevar por Elon Musk y sus cohetes, conviene repasar el recorrido de las cinco grandes salidas a bolsa que marcaron 2025.

Cinco salidas a bolsa, cinco destinos bursátiles

Las últimas megasalidas a bolsa demuestran que Wall Street sigue rindiéndose a las buenas historias. La factura final, eso sí, cambia mucho de un caso a otro.

CoreWeave abrió la temporada en marzo de 2025. La empresa de alquiler de procesadores gráficos de Nvidia llegaba con dos lastres: una dependencia muy elevada de Microsoft y cerca de 1.000 millones USD de pérdidas anuales. El mercado, prudente, obligó a rebajar el precio de colocación hasta 40 USD, lo que se tradujo en un estreno sin brillo.

La situación cambió en mayo, cuando Nvidia entró directamente en el capital y la empresa publicó un crecimiento estratosférico del 420%. La acción se disparó por encima de 180 USD en dos meses, pero sufrió un fuerte enfriamiento en otoño y cayó hasta 70 en noviembre. Hoy se mueve en torno a 100: una apuesta claramente ganadora para quienes acudieron a la colocación.

Tras los procesadores gráficos llegó el turno de las monedas estables. Circle salió a bolsa en junio, justo cuando el mercado volvió a mostrar apetito por el riesgo y por los activos digitales. Fijada en 31 USD, ya por encima de la horquilla inicial, la acción comenzó con fuerza en 69 USD, escaló hasta 103 y cerró su primera jornada en 83. El mercado avaló así el gran regreso de los criptoactivos. Aunque desde entonces el valor ha corregido ligeramente, sigue moviéndose con solidez en torno a 80.

Antigua estrella de los años dorados del capital privado, Klarna, especialista en pago aplazado, llegó a Bolsa en un mundo muy distinto. Los tipos de interés son altos, el riesgo de impago vuelve a ser central y los inversores exigen pruebas claras de rentabilidad.

Impulsada por la notoriedad de su marca, la salida a bolsa se fijó en 40 USD. El estreno fue espectacular: apertura en 52, máximo en 57 y cierre en 45. Después comenzó el calvario. Entre una competencia feroz, el aumento del coste del riesgo y la normalización de su crecimiento, Klarna se hundió por debajo del precio de salida y hoy ronda los 16 USD.

Después de lo virtual llegó lo tangible. BETA irrumpió con una promesa digna de la ciencia ficción: aviones eléctricos, baterías de nueva generación y hangares conectados. El proyecto sedujo al mercado, la salida a bolsa se fijó en 34 USD y permitió captar más de 1.000 millones USD.

Sin embargo, tras una primera sesión contenida, con cierre en 36 USD, la dura realidad industrial se impuso. Sin haber entregado un solo avión certificado y con pérdidas abultadísimas, la rentabilidad sigue quedando a años vista. La acción se ha desplomado y ahora se estanca en torno a 16 USD.

Medline, el gigante de los suministros médicos, cerró el año sin una idea revolucionaria, pero con activos tangibles, hospitales como clientes y un modelo fácil de entender. Cansado de historias tecnológicas inciertas, el mercado valoró esa claridad.

La empresa colocó 216 millones de acciones a 29 USD y captó así más de 6.000 millones USD. La primera jornada fue sólida, con apertura en 35 USD y cierre en 41. Desde entonces, el interés parece haberse enfriado ante un perfil defensivo clásico, con crecimiento moderado, márgenes vigilados, deuda elevada y una valoración exigente. Hoy la acción cotiza en torno a 36 USD, por encima del precio de salida, aunque lejos de la euforia inicial.

¿Por qué SpaceX despierta tanta expectación?

Si la historia financiera vuelve a repetirse, esta salida a bolsa presenta un riesgo elevado de decepción para el inversor de largo plazo. Aun así, como muestran los casos anteriores, los primeros compases bursátiles suelen ser rentables.

Según los trabajos del profesor Jay Ritter, de la Universidad de Florida, la rentabilidad media del primer día para el conjunto de las salidas a bolsa realizadas entre 2012 y 2021, medida entre el precio de cierre y el precio de colocación, fue del 23,6%. En el caso de SpaceX, esa prima podría ser aún más espectacular, impulsada por el extraordinario talento comunicativo de Elon Musk, convertido en una suerte de gurú para parte de la comunidad financiera.

Para los especuladores que buscan una salida rápida, la estadística juega a favor. Para el inversor de largo plazo, en cambio, el panorama se complica. El mismo estudio de Jay Ritter muestra que, en las empresas salidas a bolsa entre 2012 y 2021, la rentabilidad media a tres años, calculada desde el primer cierre, arroja una infrarrentabilidad del 21,6% frente al mercado en su conjunto. Tras la embriaguez inicial, el regreso a la realidad suele ser brusco.

Estas estadísticas no son una verdad absoluta, sobre todo en un mercado que hoy premia más el relato que los criterios puramente financieros. Y en materia de relato, Elon Musk juega en otra liga. El folleto S-1 previo a la salida a bolsa afirma de forma explícita que la misión de SpaceX es «construir los sistemas y las tecnologías necesarios para hacer posible la vida multiplanetaria, comprender la verdadera naturaleza del universo y llevar la luz de la conciencia hasta las estrellas». Un mensaje que ha atraído capital de forma masiva, como demuestra la explosión de la demanda mucho antes del estreno oficial.

Detrás de las estrellas, sin embargo, la contabilidad es mucho más terrenal. La empresa sigue en pérdidas y no genera beneficios. Está valorada con múltiplos extremadamente exigentes y, por ahora, nada apunta con claridad a una senda de rentabilidad. Pero Wall Street compra futuro y promesa, dos combustibles de los que el máximo responsable de SpaceX parece disponer sin límite.

Apostar por SpaceX equivale a elegir entre promesas futuristas e indicadores financieros deteriorados, o entre la dureza de la estadística y el magnetismo de un consejero delegado fuera de norma. En cualquier caso, la empresa sigue siendo una anomalía en la historia financiera, tanto por su estructura como por la desmesura de sus ambiciones.

El veredicto del mercado sobre esta salida a bolsa servirá como prueba a escala real: el éxito o el fracaso de SpaceX marcará el tono de los esperados estrenos bursátiles de OpenAI y Anthropic, previstos para más adelante este año.