Spotify celebró el año pasado su primer ejercicio con beneficios. Este año casi lo duplica, hasta situarlo en 2,21 billones USD. Su modelo sigue siendo freemium, es decir, los usuarios que no pagan están obligados a escuchar anuncios, tienen una calidad de sonido inferior y la obligación de estar conectados a internet. En términos de ingresos, las suscripciones representan nueve décimas partes de 17,1 billones USD; la publicidad aporta el resto.
La dinámica comercial sigue siendo sólida. En un año, Spotify captó 27 millones de suscriptores, elevando el total a 290 millones, y sumó 76 millones de usuarios activos, hasta alcanzar 751 millones. La dirección todavía espera una aceleración de los ingresos y de los márgenes en el primer trimestre.
Este crecimiento es impresionante a esta escala, pero la cuestión de una saturación del mercado acabará planteándose. El próximo reto será, por tanto, doble: subir de gama en precios (una prueba real del poder de fijación de precios) y, sobre todo, abrir nuevos motores de crecimiento aprovechando las oportunidades tecnológicas.
La plataforma no sacrifica los márgenes en favor de la captación de usuarios. El crecimiento de los ingresos aumentó más deprisa que las regalías, en particular gracias a los pódcast, más rentables, y a subidas de precios bien calibradas; más aún porque van seguidas por competidores que no tienen ni la mitad de su cuota de mercado.
Uno de los aspectos positivos de los resultados es que las subidas de precios no han frenado la captación de suscriptores. Cambiar de plataforma tiene un elevado «coste mental» por los hábitos adquiridos, las recomendaciones, las listas de reproducción personalizadas según los gustos, el historial… En los albores de la adopción de la inteligencia artificial, Spotify ya ofrece una sólida propuesta de personalización, impulsada por formatos populares como el Wrapped de final de año o las listas de reproducción a medida.
La dirección es optimista respecto a la integración de la inteligencia artificial en la plataforma para reforzar la personalización y acelerar la innovación del producto. Si bien es cierto que esta tecnología podría ayudar a algunos competidores a recortar una parte de su retraso, Spotify conserva la ventaja del efecto escala. En un mercado inmerso en la búsqueda de los perdedores indirectos de la inteligencia artificial, los directivos deben convencer al mercado de que, para ellos, será una oportunidad y no una amenaza.
Hace dos años, Spotify seguía siendo una apuesta. Líder, sí, pero incapaz de construir márgenes y sin un verdadero poder de fijación de precios. Hoy, tras una caída de alrededor del 40% desde el verano pasado, el valor parece estar mejor valorado. Incluso después del rebote posterior a la publicación del informe, la acción sigue bajando más de un 20% en 2026. Spotify ofrece, pues, exposición a un líder incontestable, todavía impulsado por un crecimiento robusto y, ahora, capaz de empezar a redistribuir efectivo.



















