Mensaje recibido y misión cumplida. Desde entonces, el número de suscriptores ha pasado de 188 a 276 millones, y el número de usuarios activos de 433 a 696 millones. En particular, el beneficio en efectivo se ha disparado, pasando de 21 millones EUR a finales de 2022 a 2.600 millones EUR en los últimos doce meses.

En este sentido, el paralelismo con Netflix es obvio. Sin embargo, existe una diferencia importante en el uso que cada uno hace de esta repentina avalancha de beneficios: la empresa estadounidense los devuelve activamente a sus accionistas mediante recompras de acciones, mientras que Spotify los acumula en su balance, quizá con vistas a una próxima operación de crecimiento externo.

Ayer, los resultados semestrales publicados por Spotify recibieron una fría acogida por parte de los inversores, sobre todo porque el coste de las remuneraciones, en particular en forma de opciones sobre acciones, situaba las cuentas en números rojos, y porque el fundador y director general, Daniel Ek, admitía un doloroso bajo rendimiento de la actividad publicitaria del grupo.

Es cierto que el crecimiento de este segmento evoluciona desde mediados de 2022 a un ritmo dos veces menor que el de las suscripciones, que sigue representando nueve décimas partes de la cifra de negocios consolidada. En un mercado posiblemente saturado, o en vías de estarlo, dado el dominio actual de Spotify, los inversores temen que los ingresos hayan alcanzado su techo.

Estos temores se ven justificados por las recientes subidas de precios y por los resultados de ayer, que revelan un preocupante estancamiento del flujo de efectivo libre durante los últimos cuatro trimestres.

En cualquier caso, no es de extrañar que el mercado se tome un respiro tras la meteórica subida del precio de la acción, que ha llevado la valoración a casi 50 veces el flujo de efectivo libre. Por lo tanto, para mantener estos niveles, Spotify no tiene más remedio que seguir creciendo.