Los lectores habituales de MarketScreener saben que nuestro equipo de analistas sigue siempre de cerca el sector de las telecomunicaciones, una industria muy valorada tanto por inversores institucionales como particulares debido a los generosos dividendos que reparte.

Entre otros nombres analizados con frecuencia en estas páginas, destaca, por ejemplo, Telekom Austria.

Sucesora de Telecom Australia, antigua compañía estatal, Telstra ha atravesado varias oleadas de reestructuración para afrontar los desafíos propios de un antiguo monopolio público en un mercado abierto a la competencia. El punto de inflexión fundamental se produjo probablemente con la transferencia de los activos de banda ancha de la empresa a NBN -una entidad pública- durante la crisis financiera de 2009.

Pese a todo, Telstra se mantiene como el líder indiscutible del mercado australiano, donde opera la mayor red móvil del país con una cuota de mercado de entre el 40% y el 45%, muy por delante de su principal competidor, Optus, que ostenta el 30%, y a gran distancia de TPG, que supera ligeramente el 15%. Asimismo, Telstra es el proveedor de más de un tercio de las conexiones fijas de la red de NBN.

Sin embargo, esta posición privilegiada no le ha permitido desprenderse totalmente de sus dificultades pasadas, una situación que queda bien reflejada en el hecho de que su cotización actual se sitúa en el mismo nivel que hace veinte años.

En cuanto a la última década, la facturación retrocedió de 26.000 millones a 23.000 millones AUD, los márgenes se estrecharon y el beneficio antes de impuestos y partidas extraordinarias cayó de 5.200 millones a 3.400 millones.

En una lectura más positiva, cabe destacar que el endeudamiento se mantuvo bajo control, el número de acciones en circulación se redujo de forma significativa y el flujo de caja libre generado a lo largo de la década cubrió con creces, en términos agregados, el pago de dividendos a los accionistas, así como las ocasionales y modestas recompras de acciones.

Ante estos fundamentales, la valoración de las acciones de Telstra se ha mantenido similar a la de un "equivalente a un bono" de calidad intermedia, con una rentabilidad por dividendo media del 5% durante toda la década, en línea con el resto del sector.

No obstante, esta rentabilidad ha bajado recientemente hasta el entorno del 4%, marcando un mínimo histórico. Este descenso se debe al éxito de un plan de saneamiento que está dando sus frutos: tras seis años de caída ininterrumpida del beneficio operativo entre 2014 y 2020, la compañía encadena ahora cinco años de sólido crecimiento bajo la dirección de Vicki Brady.