Durante el primer trimestre, tras los efectos de cambio, la contratación aumentó un 23% respecto al mismo período del año anterior, impulsada principalmente por el sector de la defensa y los pedidos de los países de la OTAN. Como era de esperar, debido a los efectos del ciclo, los segmentos aeroespacial y cibernético y digital muestran cierta ralentización.

Thales confirma sus objetivos de alcanzar una facturación de 23.500 millones EUR en 2026, así como un margen de explotación comparable al récord alcanzado en 2025. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, un suceso disruptivo en todos los aspectos, el sector de defensa europeo está recuperando el terreno perdido frente al estadounidense.

En los últimos diez años, Thales ha duplicado su beneficio —tanto el resultado neto como el flujo de efectivo libre—, pasando de una media aproximada de 1.000 a 2.000 millones EUR anuales. Más allá del tablero geoestratégico actual, cabe destacar que el grupo también ha comprometido cerca de 9.000 millones —netos de desinversiones— en su crecimiento externo.

La creación de valor es, por tanto, real, aunque se ve estructuralmente limitada tanto por la capacidad de la contratación pública como por la intensa competencia entre un número de actores cada vez mayor. Para Thales, estos fundamentales deben ponerse en relación con una capitalización bursátil que se mantiene por encima de los 50.000 millones EUR.

El grupo francés —siempre controlado de cerca por la acción concertada del Estado y la familia Dassault— sigue siendo un caso singular en el sector. Más que un fabricante de equipos puro, se posiciona principalmente como un arquitecto de sistemas, integrador y proveedor de sensores de alto valor añadido.

A este respecto, en el sector de fuerte crecimiento de los vehículos no tripulados, donde estadounidenses, israelíes, ucranianos, rusos, turcos e iraníes han tomado la delantera, la compañía francesa, reputada por sus sistemas de detección y guiado, dispone de una excelente baza que jugar en la lucha contra los drones.