UBS, que sigue figurando entre los bancos mejor capitalizados de Europa, registró en el ejercicio 2025 un beneficio antes de impuestos un 33% superior al del ejercicio anterior.

La trayectoria de los últimos diez años ha sido excelente, con un beneficio antes de impuestos que se ha duplicado con creces, al pasar de 4.200 millones a 8.800 millones USD, mientras que el número de acciones en circulación ha disminuido un 15%.

Eso explica que el beneficio por acción haya crecido a un ritmo todavía mayor, de 0,9 a 2,4 USD, mientras que el dividendo por acción pasó de 0,6 a 1,1 USD entre 2016 y 2025.

Esta evolución confirma el exitoso mandato del carismático consejero delegado Sergio Ermotti, que regresó al timón en 2023 para dirigir la delicada integración de Credit Suisse. Esta avanza a buen ritmo —como demuestra el aumento del beneficio antes de partidas excepcionales, principalmente los costes de reestructuración—, aunque todavía no se refleja del todo en las cuentas.

La historia, de hecho, no ha terminado, ya que antiguos accionistas de Credit Suisse han interpuesto recursos contra UBS al considerar que la operación de compra les resultó desfavorable, y además siguen abiertos litigios sobre el tratamiento de las acciones tras la fusión.

Esto añade un nuevo foco de tensión para UBS, pues algunos accionistas temen la presión que las exigencias regulatorias suizas ejercen sobre la rentabilidad. El banco ha criticado públicamente esas normas.

En este contexto, mantiene abierta la opción de trasladar algunas actividades a Estados Unidos. ¿Se trata de una estrategia real o de un farol?

La valoración bursátil de UBS rebotó el año pasado junto con el conjunto del sector europeo. Tradicionalmente valorada en una vez sus fondos propios tangibles desde la crisis de las hipotecas basura, la entidad bancaria vio cómo ese múltiplo alcanzaba las 1,8 veces en febrero, justo antes de que comenzara a desinflarse.