Por Gloria Dickie y Alison Withers

18 jun (Reuters) - El conflicto de Gaza ha provocado una contaminación sin precedentes del suelo, el agua y el aire de la región, destruyendo los sistemas de saneamiento y dejando toneladas de restos de artefactos explosivos, afirmó el martes un informe de las Naciones Unidas sobre el impacto medioambiental de la guerra.

Según una evaluación preliminar del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la guerra entre Israel y Hamás, el movimiento islamista que controla la Franja de Gaza, ha revertido rápidamente los limitados avances en la mejora de las instalaciones de desalinización de agua y tratamiento de aguas residuales de la región, la restauración del humedal costero de Wadi Gaza y las inversiones en instalaciones de energía solar.

Las armas explosivas han generado unos 39 millones de toneladas de escombros, según el informe. Cada metro cuadrado de la Franja de Gaza está ahora cubierto por más de 107 kilogramos de escombros. Esto es más de cinco veces los escombros generados durante la batalla por Mosul, Irak, en 2017, según el informe.

"Todo esto está dañando profundamente la salud de las personas, la seguridad alimentaria y la resiliencia de Gaza", dijo la directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen.

El medio ambiente de Gaza ya sufría a causa de los conflictos recurrentes, el rápido crecimiento urbano y la alta densidad de población, antes de que comenzara el conflicto más reciente el 7 de octubre.

La evaluación de la ONU se suma a la preocupación por la crisis humanitaria y los costes medioambientales de la guerra, ya que Ucrania también ha registrado daños ecológicos generalizados en los dos últimos años.

"Comprender el impacto medioambiental de la guerra es un gran reto de nuestro tiempo", dijo Eoghan Darbyshire, investigador principal del Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente, organización sin ánimo de lucro con sede en Reino Unido.

"Las repercusiones no sólo se dejarán sentir localmente donde se esté combatiendo, sino que pueden desplazarse o incluso sentirse a escala mundial a través de las emisiones de gases de efecto invernadero".

SISTEMAS DE SANEAMIENTO BÁSICO DESTRUIDOS

La evaluación de la ONU tiene su origen en una petición de diciembre de 2023 de la Autoridad Palestina de Calidad Medioambiental para que el PNUMA hiciera balance de los daños medioambientales. El PNUMA tiene el mandato de ayudar a los países a mitigar y controlar la contaminación en zonas afectadas por conflictos armados o terrorismo.

Debido a problemas de seguridad y restricciones de acceso, la ONU utilizó en su informe estudios de teledetección y datos de entidades técnicas palestinas, así como evaluaciones de daños del Banco Mundial. Las mediciones sobre el terreno, sin embargo, serían fundamentales para comprender el alcance de la contaminación del suelo y el agua, dijo Darbyshire.

Según el informe, los sistemas de agua, saneamiento e higiene han desaparecido casi por completo y las cinco plantas de tratamiento de aguas residuales de Gaza están cerradas. La prolongada ocupación israelí ya había planteado importantes problemas medioambientales en los territorios palestinos en relación con la calidad y disponibilidad del agua, según un informe de 2020 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Más del 92% del agua de la Franja de Gaza se consideraba entonces no apta para el consumo humano.

La Franja de Gaza tenía una de las mayores densidades de paneles solares en tejados del mundo y el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Estados Unidos, calculaba que en 2023 habría unos 12.400 sistemas solares en tejados. Pero desde entonces Israel ha destruido gran parte de la floreciente infraestructura solar de Gaza y los paneles rotos pueden dejar escapar plomo y metales pesados contaminantes al suelo.

Desde una tregua de una semana en noviembre, los repetidos intentos de acordar un alto el fuego han fracasado, ya que Hamás insiste en el fin permanente de la guerra y la retirada total de Israel de Gaza. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se niega a poner fin a la guerra antes de erradicar a Hamás y liberar a los rehenes secuestrados por milicianos de Hamás durante el ataque del 7 de octubre contra el sur de Israel que desencadenó la guerra.

A la vista de la magnitud de la destrucción ambiental, "opino que grandes zonas de Gaza no se recuperarán hasta un estado seguro en una generación, ni siquiera con financiación y voluntad ilimitadas", afirmó Darbyshire.

(Reporte de Gloria Dickie en Londres y Ali Withers en Copenhague; edición de Sharon Singleton; editado en español por Benjamín Mejías Valencia)