La decisión de Donald Trump de cancelar un viaje previsto de enviados estadounidenses a Pakistán ha alimentado las dudas sobre un posible acuerdo con Irán. Se esperaba que hubiera conversaciones después de la llegada del ministro iraní de Asuntos Exteriores a Islamabad, pero la diplomacia ha vuelto a chocar contra un muro. Siguen circulando rumores sobre una posible nueva propuesta de la República Islámica para reabrir el estrecho y aplazar las conversaciones nucleares, y eso bastó para impulsar durante la noche a una parte de las bolsas asiáticas.

Los precios del petróleo reflejan esa inquietud. El Brent vuelve a subir y se mantiene muy por encima de los niveles previos a la guerra. Goldman Sachs ha elevado su previsión para el petróleo al cierre del año. Regresan las preocupaciones por la inflación. Se da por descontado que la Reserva Federal mantendrá sin cambios los tipos esta semana y los mercados consideran casi segura esa opción. Eso debería convertir el miércoles en una jornada aburrida, pero no será así: los comentarios de Powell pueden importar más que la propia decisión, porque los inversores quieren saber si el banco central considera el encarecimiento del petróleo un factor transitorio o un motivo para mantener durante más tiempo elevados los costes de financiación.

Esta reunión también tiene peso político. El Departamento de Justicia ha cerrado su investigación sobre Powell, despejando el camino para que Kevin Warsh, el sucesor preferido por Trump, quede más cerca de su confirmación. El senador Thom Tillis ha dicho que respaldaría a Warsh, eliminando un obstáculo importante. Así, la Reserva Federal afronta la semana con su actual presidente todavía en el cargo, con su probable próximo presidente avanzando hacia el relevo y con su independencia sometida a un escrutinio inusualmente intenso.

El problema de fondo para los inversores es que el panorama económico ya no avanza en una sola dirección. La renta variable ha repuntado porque los resultados empresariales han sido sólidos. De las empresas del índice Standard & Poor’s 500 que habían presentado cuentas hasta el viernes, más del 81% superó las previsiones de beneficio, por encima de la media reciente. No es un dato menor. Sugiere que las grandes empresas estadounidenses, sobre todo las de mayor tamaño, conservan una solidez notable. Pero hay un matiz: muchos de estos resultados solo recogen la fase inicial de la perturbación en Oriente Próximo. Pueden decirnos cómo estaban las empresas antes de que el encarecimiento del petróleo desplegara toda su fuerza, no después.

Esta semana pondrá a prueba ese optimismo. Aproximadamente el 36% del índice Standard & Poor’s 500 publicará resultados; en particular destacan Alphabet, Apple, Meta, Amazon y Microsoft. La gran apuesta favorita del mercado sigue siendo la inteligencia artificial (IA), y los inversores quieren pruebas de que las inversiones multimillonarias en chips, centros de datos, modelos e infraestructuras en la nube generarán algo más que comunicados caros. Nvidia ya ronda máximos históricos antes de publicar sus propias cuentas. Qualcomm se disparó antes de la apertura. Intel, tras un fuerte movimiento en la sesión anterior, siguió subiendo. La apuesta bursátil por la IA sigue muy viva y conserva una gran fuerza.

Pero incluso aquí el relato se está complicando. La competencia con China en IA se intensifica ante la cumbre prevista el mes próximo entre Trump y Xi Jinping. Según diversas informaciones, los reguladores chinos bloquearon la adquisición de Manus, una empresa emergente de IA, por parte de Meta por más de 2.000 millones USD. La Casa Blanca ha acusado a China de llevar a cabo operaciones a gran escala para robar tecnología estadounidense de IA. Las principales empresas estadounidenses del sector han denunciado que compañías chinas utilizaron cuentas pantalla para recopilar millones de respuestas de modelos estadounidenses y entrenar así sus propios sistemas.

Mientras tanto, también se espera que los bancos centrales fuera de Estados Unidos se mantengan sin cambios. El Banco de Japón se reúne el martes. La Reserva Federal lo hace el miércoles. El jueves será el turno del Banco de Inglaterra y del Banco Central Europeo. Ese mismo jueves llegará además una avalancha de datos macroeconómicos: las cifras del producto interior bruto del primer trimestre de Estados Unidos, Europa y China, así como la inflación estadounidense, medida por el índice de gasto en consumo personal, y la inflación de la zona euro. En términos de mercados, el jueves es menos una fecha del calendario que una prueba de resistencia.

Europa rebota, Tubos Reunidos se hunde por el riesgo de concurso

Las bolsas europeas abren la semana al alza, pendientes de una agenda cargada de resultados empresariales y de las decisiones sobre tipos de interés de la Reserva Federal, el miércoles, y del Banco Central Europeo, el jueves. A media sesión, las subidas se intensifican y el IBEX 35 avanza un 0,6% hasta recuperar los 17.800 puntos, pese a que el petróleo vuelve a situarse por encima de 100 USD tras repuntar un 1% por el deterioro de las negociaciones de paz.

En el mercado español destacan Indra, que lidera con un avance del 4,5%, Acciona Energía, con un 4%, y Acciona, con un 3,9%, impulsadas por el tirón de Nordex, que ganó 53,6 millones EUR hasta marzo, casi 7 veces más que un año antes. También suben Solaria y Repsol, ambas un 2,3%, mientras que BBVA y Santander suman más de un punto porcentual. En el lado contrario, las mayores caídas son para Telefónica, Grifols, Cellnex y Ferrovial, en una sesión con pocos valores en negativo.

Al margen del selectivo, Tubos Reunidos es la protagonista del día tras contratar al despacho Uría Menéndez para solicitar el concurso de acreedores, previsiblemente en la primera semana de mayo, según distintas informaciones publicadas este lunes. La reacción bursátil ha sido fulminante y el valor perdía alrededor del 35% de su valor y se encaminaba a su peor sesión histórica, después de acumular ya una caída del 29% desde comienzos de año hasta el viernes.

La empresa arrastra una deuda neta de 263 millones EUR y registró unas pérdidas netas de 118 millones EUR en 2025, que atribuyó a la política arancelaria, la depreciación del dólar y la fuerte competencia de los tubos de bajo coste en Europa. La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales es su principal acreedor (más de 110 millones EUR tras el rescate de 2021) y esa situación ha bloqueado por ahora las alternativas de reestructuración porque los posibles inversores exigen una solución avalada por el Estado. El atasco añade además una dimensión política: una eventual quita de la deuda en manos de un organismo público sentaría un precedente en España y exigiría cambios legales.