Durante años relegados a un segundo plano frente a Wall Street, los mercados emergentes vuelven a seducir a los inversores en 2026. Mientras la atención se centraba en los gigantes tecnológicos estadounidenses, el índice MSCI Emerging Markets se ha anotado discretamente una de las mayores subidas del año, con un avance del 21% desde enero, frente al 9% del S&P 500.
fuente: Zonebourse
Pero este regreso se apoya en motores muy concretos. En primera línea, Asia: Corea del Sur se dispara con un índice KOSPI que sube un 85%, mientras que Taiwán avanza un 46%. Dos mercados impulsados por la explosión de la inteligencia artificial.
Un índice dominado por Asia
El MSCI Emerging Markets agrupa 1.204 empresas repartidas en 24 países, desde China hasta Brasil, pasando por India, Arabia Saudí o Polonia. Sin embargo, en la práctica el índice está ampliamente dominado por Asia. Taiwán, China, Corea del Sur e India concentran por sí solos cerca del 80% de su ponderación.
Fuente: MSCI
El término «emergente» resulta, de hecho, cada vez más discutible. Algunas economías presentes en el índice, como Taiwán, Corea del Sur o los Emiratos Árabes Unidos, se asemejan ya más a economías desarrolladas que a auténticos mercados emergentes, con niveles de riqueza comparables a los de numerosos países europeos como España o Italia.
Los semiconductores impulsan a los emergentes
El verdadero motor del MSCI Emerging Markets son los semiconductores. Tres empresas representan por sí solas una cuarta parte del índice: Samsung Electronics, SK Hynix y TSMC.
Fuente: MSCI
En otras palabras, una parte significativa de la rentabilidad de los mercados emergentes depende ahora de unos pocos gigantes expuestos a la inteligencia artificial. Samsung y SK Hynix se benefician del auge de la demanda de memorias de alto ancho de banda, mientras que TSMC se aprovecha de la fabricación de procesadores avanzados utilizados por Nvidia, Advanced Micro Devices o Apple.
Las rentabilidades bursátiles son espectaculares. Este año, Samsung sube un 130%, SK Hynix más de un 160% y TSMC en torno a un 40%.
La paradoja es evidente. El índice «emergente» depende hoy en gran medida de empresas tecnológicas ultraavanzadas, en ocasiones más sofisticadas que muchas compañías occidentales.
El caso de Samsung ilustra bien esta transformación. El grupo surcoreano ha estado durante mucho tiempo asociado a los teléfonos inteligentes, pero ahora obtiene la mayor parte de sus beneficios de los semiconductores. Su división de chips representó el 94% del beneficio en el primer trimestre.
Samsung podría incluso convertirse en la segunda empresa mundial por beneficios en 2026, solo por detrás de Nvidia, con 186.000 millones USD previstos. Su margen de resultado bruto de explotación pasaría del 26% en 2025 al 59% en 2026.
Una ilusión de diversificación
El MSCI Emerging Markets ofrece así la ilusión de una amplia diversificación geográfica. Sin embargo, al invertir en este índice, el inversor ya no apuesta realmente por el crecimiento de los países emergentes, sino por las mismas dinámicas tecnológicas que impulsan Wall Street, con el añadido de los riesgos locales.
Esta elevada concentración en los semiconductores asiáticos expone, además, al índice a las tensiones geopolíticas entre Washington y Pekín, especialmente en torno a Taiwán y a las restricciones estadounidenses sobre las tecnologías avanzadas.
A ello se suman tensiones internas. En Samsung, los sindicatos ya reclaman una mejor redistribución de los beneficios, mientras que varios países estudian gravar con mayor intensidad los «superbeneficios» vinculados a la inteligencia artificial. El regreso de los mercados emergentes es real, pero cada vez se asemeja más a una apuesta por el futuro de la tecnología global.


















