Esta sanción, que se sumaba a los 5.000 millones USD en multas y sanciones impuestas por múltiples casos de fraude y cuentas falsas, ya es cosa del pasado. En teoría, al menos, este levantamiento debería permitir al banco retomar el camino del crecimiento.
La factura ha sido elevada para el grupo de San Francisco. Sus ingresos de 2024 (78.000 millones USD) siguen siendo inferiores a los obtenidos diez años antes (86.000 millones en 2015). El riguroso trabajo de control de costes y la contención de la inflación de los gastos operativos no han impedido que el resultado neto retroceda en este periodo: 20.000 millones USD en 2024 frente a 23.000 millones en 2015.
Mientras tanto, Wells ha recomprado de forma masiva sus propias acciones, reduciendo en un tercio el número de títulos en circulación. Automáticamente, el beneficio por acción ha aumentado de 4,1 a 5,4 USD en el ciclo. Esta rentabilidad, aunque notable, es compartida por todos los demás grandes bancos estadounidenses, con la notable excepción de US Bancorp. No hay motivo para lanzar las campanas al vuelo, sobre todo teniendo en cuenta que todos ellos han aumentado sus dividendos, mientras que los de Wells Fargo se han estancado.
Nombrado en 2019 para saldar los errores del pasado, Charlie Scharf tenía como principal mandato ampliar el perímetro de la banca de inversión, históricamente mucho menos desarrollada en Wells Fargo que en sus competidores. Misión medio cumplida, pues los ingresos del segmento han aumentado de 14.000 millones USD en 2020 a los 20.000 millones previstos para 2025. Sin embargo, solo representan una sexta parte de la facturación consolidada, lo que explica que el banco registre una rentabilidad sobre recursos propios muy inferior a la de un competidor comparable como JP Morgan.
En este contexto, los resultados semestrales publicados ayer fueron objeto de un minucioso escrutinio. Como era de esperar, los volúmenes de préstamos y depósitos se mantienen prácticamente idénticos a los registrados en el mismo periodo del año pasado. La buena noticia proviene de la calidad de los activos, con tasas de morosidad estables y provisiones en fuerte descenso con respecto al año anterior. Esto demuestra, al igual que en JP Morgan, que las medidas arancelarias adoptadas por la Administración federal no han penalizado por el momento a la economía estadounidense.
Es precisamente esta reducción de las provisiones —y, cabe destacar, el siempre admirable control de los gastos operativos— lo que permite a Wells Fargo registrar un resultado neto en alza del 10% a pesar de la ausencia de crecimiento de los ingresos y la sensible disminución del margen de interés neto, afectado por la bajada de los tipos al otro lado del Atlántico. El número de títulos en circulación sigue disminuyendo un 7% desde junio de 2024, mientras que el beneficio por acción se dispara un 18% y el dividendo un 14%.
A pesar de sus deslices éticos y sus problemas con el regulador, Wells nunca ha perdido totalmente la confianza de los inversores. El banco solo cotizó en bolsa por debajo del valor de su capital social durante un breve periodo de tiempo durante la pandemia. Al igual que el resto del sector bancario estadounidense, su valoración ha vuelto a su máximo histórico de 1,6 veces el capital social.
El mercado había anticipado bien la próxima eliminación del límite máximo de activos: en tres años, la acción de Wells Fargo ha registrado la segunda mejor rentabilidad entre los grandes bancos, solo por detrás del imbatible JP Morgan.



















