¿Volverá algún día a esa lista? Es complicado en un momento de ruptura de gran calado en el sector, ya zarandeado por los grandes actores tecnológicos estadounidenses, y de nuevo sacudido en sus cimientos por la ola de la inteligencia artificial. Los múltiples programas de reestructuración —que algunos comparaban con recolocar las sillas en la cubierta del Titanic— impulsados por el anterior consejero delegado, Mark Read, no han bastado para impedir lo inevitable; de hecho, ha cedido su puesto a Cindy Rose, antigua directiva de Microsoft.
Después de que WPP haya perdido cuatro quintas partes de su capitalización bursátil en cuatro años, el debate hoy tiene que ver más con si los activos de la empresa se venderán por partes que con una esperanza real de resurrección. Se dice que la división de medios, GroupM, por sí sola, alcanzaría una valoración superior a la suma de las partes. La francesa Havas estaría interesada en ella, aunque Yannick Bolloré ha desmentido por ahora esos rumores.
Ya que hablamos de ello, cabe saludar de paso la profecía cumplida de Bolloré, que comparaba precisamente WPP con el Titanic en 2015, justo después de que la británica perdiera la cuenta de L’Oréal…
La situación de WPP es crítica en todos los frentes. Su cifra de negocios se estanca desde hace diez años —ajustada por inflación, cae claramente— y tanto su beneficio de explotación como su flujo de efectivo libre se han reducido a la mitad en el periodo.
Mientras tanto, el número de acciones en circulación solo ha disminuido un 15% como consecuencia de recompras ejecutadas a valoraciones muy superiores a la actual; el dividendo se ha recortado en un tercio, y es inminente una nueva reducción, mientras la deuda neta aumenta en algo más de 1.000 millones de libras.
La capitalización de la empresa ya se parece a la de una operación de compra apalancada, con unos fondos propios valorados en 2.800 millones GBP y una deuda neta que ronda los 4.000 millones GBP. Esto representa un múltiplo de entre 6 y 7 veces el flujo de efectivo libre tras las adquisiciones realizadas en 2024, y de 14 veces el previsto en 2025.
Los optimistas dirán que a los grandes conglomerados publicitarios se les da por muertos una vez cada diez años, pero que siempre logran reinventarse. Sin embargo, en un momento en que la incertidumbre asociada a la transformación del sector está en máximos, tendrán que sacarse un buen conejo de la chistera para evitar el naufragio.


















