El conflicto en Irán no ha terminado formalmente y sus consecuencias siguen siendo plenamente visibles, pero el mercado ha pasado página. Este es, en síntesis, el balance que puede hacerse de las últimas sesiones bursátiles.
La subida del Nasdaq es el mejor ejemplo. El índice ha encadenado diez sesiones consecutivas de ganancias, su racha más prolongada desde 2021. El selectivo tecnológico se sitúa ahora en terreno positivo en lo que va de 2026, con un alza del 2,35%.
La primera quincena de abril ha permitido, por tanto, un cambio de tendencia tras un primer trimestre especialmente convulso. A principios de año, el Nasdaq se vio penalizado por una rotación hacia sectores más defensivos, en un contexto de temor a las disrupciones provocadas por la inteligencia artificial. Estas inquietudes se tradujeron en una verdadera sangría en el sector del software. La guerra en Irán acentuó la caída del índice, que cerró el primer trimestre con un retroceso del 9%.

Hoy el mercado descuenta el fin del conflicto. Prevalece la idea de que, de una forma u otra, la situación se normalizará gradualmente. Sobre todo, los catalizadores positivos —encabezados por las inversiones en inteligencia artificial— parecen seguir intactos. Así, como hemos señalado en varias ocasiones, los analistas no han revisado a la baja sus previsiones de beneficios. Y cuando se combinan una caída de las cotizaciones con unas expectativas de resultados invariables, las valoraciones se relajan de forma significativa.
Históricamente, el sector tecnológico disfrutaba de una prima importante respecto al resto del mercado. Sin embargo, en los últimos meses, las valoraciones se han desplomado. Este fin de semana, el economista jefe de Apollo, Torsten Slok, señalaba que la valoración de la tecnología estadounidense había regresado a su nivel previo al auge de la inteligencia artificial. Una oportunidad que algunos inversores no han dejado escapar.

















