En la red social X, el volátil presidente arremetía contra Raytheon, hoy RTX, el segundo grupo de defensa mundial tras Lockheed Martin y creador de los célebres sistemas de batería antiaérea Patriot, los misiles de crucero Tomahawk o las armas anticarro Javelin.
Aunque en MarketScreener solemos tomar distancia respecto a las salidas de pata de banco de Trump, hay que reconocer que esta vez el aludido señala un verdadero problema.
Que los grandes grupos de defensa estadounidenses se gestionen prioritariamente en interés de sus accionistas no ofrece ninguna duda, algo de lo que, por cierto, los interesados no han tenido sino que felicitarse hasta ahora. Sin embargo, tampoco hay duda de que la excesiva consolidación del sector ha penalizado la innovación, ha elevado los precios para el contribuyente y ha empujado a grupos como Lockheed Martin o Raytheon a emprender solo tímidamente las ampliaciones de capacidad reclamadas con insistencia desde el poder ejecutivo.
Los reproches del presidente estadounidense a RTX quedan avalados por las cifras. Si se hace la cuenta, en el último decenio, cambios de perímetro incluidos, el grupo con sede en Arlington generó un beneficio en efectivo de 34.000 millones USD en términos agregados. En el mismo período devolvió 50.000 millones USD a sus accionistas: 23.000 millones en recompras de acciones y 27.000 millones en dividendos. Es el doble de la suma de sus inversiones en inmovilizado, de 25.000 millones.
Si se incluyen también en esas inversiones las adquisiciones —netas de desinversiones—, ese importe alcanza los 31.000 millones USD, es decir, todavía muy por debajo de la avalancha de beneficios reservada a los accionistas.
Cuesta admitirlo, pero hay que hacerlo. En esta ocasión, Trump no se equivoca.

















