Esta cadena de bloques permaneció durante mucho tiempo en una zona extraña: demasiado vinculada a Telegram como para caer en el olvido, pero demasiado marcada por sus problemas regulatorios del pasado como para volver a entrar de lleno en el grupo de las criptomonedas prometedoras. Durante años, The Open Network, cuyo criptoactivo es Toncoin, vivió instalada en esa ambigüedad.
En origen, el proyecto era efectivamente de Telegram. Se trataba de una cadena de bloques concebida para integrarse en la aplicación de mensajería, agilizar los pagos, dar soporte a miniaplicaciones y crear una capa financiera propia para cientos de millones de usuarios. Pero los reguladores estadounidenses intervinieron. En 2020, Telegram tuvo que distanciarse del proyecto, abandonar su implicación directa y dejar la gobernanza de la red en manos de la fundación de The Open Network.
En 2020, los reguladores estadounidenses no enterraron exactamente la cadena de bloques The Open Network. Lo que bloquearon fue la forma en que Telegram quería financiar y distribuir su entonces criptoactivo, «Gram». La empresa había captado alrededor de 1.700 millones USD de inversores privados, con la promesa de entregarles después esos activos. A juicio de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, la operación se parecía demasiado a una emisión de valores no registrada.
El resultado fue que Telegram tuvo que abandonar oficialmente el proyecto, devolver más de 1.200 millones USD a los inversores y pagar una sanción de 18,5 millones.
El proyecto sobrevivió. Pero la historia parecía amputada de su pieza clave: la propia Telegram. Y ahora esa pieza vuelve al tablero. En apenas unos días, Toncoin se disparó un 80% en una semana.

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Telegram retoma el control
Telegram vuelve a ser el principal motor de The Open Network. Más exactamente, la plataforma se ha convertido en el mayor validador de la red, con alrededor de 2,2 millones de unidades de Toncoin inmovilizadas para validar operaciones, equivalentes a 4,4 millones USD, y recupera un papel directo en la orientación del protocolo. Este cambio en la gobernanza es lo que ha llevado al mercado a revisar su lectura del activo. Hasta ahora, The Open Network podía verse como una cadena de bloques nacida en Telegram, pero separada de su creador histórico. Ahora la ecuación cambia. Si Telegram retoma el control, The Open Network deja de ser solo «una cadena de bloques más» y puede volver a convertirse en la capa financiera natural de una aplicación que asegura contar con cerca de 1.000 millones de usuarios activos al mes.
Telegram podría integrar de forma gradual The Open Network en sus usos internos. Vinculación de números virtuales a monederos de Toncoin, propinas en Toncoin para administradores de canales, un sistema publicitario potencialmente liquidado en Toncoin… Se perfila así una estrategia de integración.
Un segundo motor, la tecnología
La red The Open Network ha desplegado la actualización Catchain 2.0, que mejora de forma drástica la velocidad de confirmación definitiva de las transacciones. En una cadena de bloques, esa confirmación definitiva es el momento a partir del cual una transacción o un bloque pueden considerarse firmes, difícilmente reversibles e incorporados al estado de la red.
En Bitcoin, esa confirmación definitiva es probabilística: cuantos más bloques se acumulan después de una transacción, más difícil resulta censurarla o reorganizarla. Habitualmente se considera que una operación en Bitcoin queda confirmada de forma definitiva tras varios bloques, y cada bloque tarda alrededor de 10 minutos. En una cadena de bloques como The Open Network, en cambio, la confirmación definitiva depende de los validadores y de las reglas de consenso, lo que permite una mayor capacidad de ejecución, aunque con una descentralización menor en la toma de decisiones.
Oficialmente, Pavel Durov presenta esta vuelta al control como un factor que refuerza la descentralización. La idea es que Telegram, al convertirse en un validador de peso, puede actuar como contrapeso y animar a otros grandes actores a incorporarse a la red, sin dejar que el sistema quede concentrado en unas pocas manos opacas.
Pero ese argumento admite dos lecturas. Por un lado, la llegada de Telegram aporta credibilidad, capacidad técnica, visibilidad, capital y dirección estratégica. Eso es, precisamente, lo que celebra el mercado. Por otro, plantea una pregunta clásica en el universo cripto: ¿qué valor tiene una cadena de bloques «descentralizada» si su adopción, su narrativa y su gobernanza dependen en gran medida de una aplicación centralizada y de su fundador?
En cuanto a Catchain 2.0, The Open Network destaca una confirmación definitiva cercana a 0,6 segundos, frente a los aproximadamente 10 segundos anteriores. Y en un entorno como el de Telegram, la rapidez importa. Un pago dentro de una miniaplicación, una propina a un creador, una transacción publicitaria, una microcompra dentro de un juego o una interacción financiera entre usuarios exigen una experiencia casi instantánea. Nadie quiere esperar largas confirmaciones para enviar unos céntimos o pagar por un servicio integrado en una aplicación de mensajería.
Sin embargo, si el sistema publicitario de Telegram se retrasa, si las propinas siguen siendo marginales, si las miniaplicaciones no generan una demanda significativa o si Telegram acaba optando por utilizar más USDT como principal medio de pago, el atractivo económico directo de Toncoin podría debilitarse. Telegram ya ha trabajado con Tether. Si una parte importante de los pagos, de las liquidaciones publicitarias o de los usos integrados se realiza en un criptoactivo estable en lugar de en Toncoin, el activo podría beneficiarse de la narrativa de Telegram sin captar todo el valor transaccional que hoy se espera.
El mercado apuesta, por tanto, por algo muy concreto: no solo porque Telegram utilice la cadena de bloques The Open Network, sino porque el propio Toncoin llegue a ser necesario dentro de la economía de Telegram.
No está garantizado. Habrá que seguirlo de cerca. Mientras tanto, Toncoin vuelve a ganar interés, aunque aún cotiza un 72% por debajo de su máximo histórico de 2024.

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